COLUMNA INVITADA

Diplomacia populista

El ascenso de los gobiernos populistas en el mundo constituye uno de los acontecimientos políticos más importantes de los últimos años

OPINIÓN

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Claudia Ruiz Massieu / Colaboradora / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

El ascenso de los gobiernos populistas en el mundo constituye uno de los acontecimientos políticos más importantes de los últimos años. El populismo fue inicialmente concebido como un fenómeno puramente doméstico, propio de la política interna; sin embargo, situaciones como el Brexit o la política exterior aislacionista del expresidente Trump, que implicó la renuncia de Estados Unidos a su liderazgo global, obligaron a reconsiderar esta noción y cuestionar las posibles implicaciones del populismo en la política exterior.

La política exterior de cada país es resultado de una compleja mezcla de principios, prioridades, intereses y capacidades; por lo cual, es difícil establecer generalizaciones. Sin embargo, algunos autores sostienen que es posible caracterizar la política exterior de los regímenes populistas a partir de algunas líneas generales.

Es el caso de la internacionalista Sandra Destradi, quien sugiere que estos regímenes, sin ser homogéneos, comparten tres tendencias principales en materia de política exterior: un enfoque más confrontativo y polémico con sus aliados tradicionales; la diversificación de alianzas –muchas veces con socios poco ortodoxos–, así como la centralización, personalización e ideologización de la conducción de las relaciones con el mundo.

Estas características son observables en países como Hungría, que bajo el régimen de Viktor Orbán ha hecho de Rusia, su enemigo histórico, un socio estratégico. Polonia, por su parte, ha asumido una actitud hostil hacia la Unión Europea, a pesar de ser uno de los principales beneficiarios económicos del bloque. En México, aunque de manera más moderada, el actual gobierno ha seguido una línea similar. El ejemplo más reciente es la carta que envió el presidente López Obrador a su homólogo chino, Xi Jinping, a propósito del tráfico de fentanilo.

La réplica fue emitida por Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores quien, con una contundente respuesta, negó que China produzca esas sustancias e instó al gobierno mexicano a tomar medidas más fuertes contra las drogas. En su pronunciamiento, la funcionaria china también reprobó las “prácticas hegemónicas contra México” ejercidas por EE. UU. y reiteró el firme apoyo de China en la defensa y autonomía de nuestro país.

Esta carta constituye una afrenta que, lejos de mitigar las tensiones con nuestro principal socio comercial, las exacerba en un momento por demás complejo de la relación bilateral. Además, pretende un acercamiento a China en un intento improvisado por diversificar nuestro portafolio de alianzas al calor de la coyuntura. Y no como parte de una estrategia seria para tender puentes con nuevos socios en el mundo.

Con este tipo de despliegues, la diplomacia populista del actual gobierno pone en riesgo nuestros intereses como país, además de demeritar logros históricos como la institucionalización de nuestra relación bilateral con EE. UU. o la profesionalización de nuestro servicio exterior, sacrificadas en aras de una reacción coyuntural que apuesta por una falsa diversificación.

Para salvaguardar los intereses de México en las relaciones con sus socios estratégicos, en nuestra región y en el mundo, es urgente corregir el rumbo de nuestra política exterior, antes de que la diplomacia populista nos pase factura.

 

POR CLAUDIA RUIZ MASSIEU

SENADORA DE LA REPÚBLICA

@RUIZMASSIEU

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