COLUMNA INVITADA

Los inservibles

Con la revolución tecnológica, donde robots y algoritmos podrán hacer lo mismo que un ser humano, experimentaremos un divorcio con el sistema

OPINIÓN

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Diego Latorre / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Ante los excesos consumistas y las utopías tecnológicas, nuestra vida transcurre bajo el doble signo de la armonización y la disonancia. Nunca como antes hemos tenido tantas cosas en común: conocimientos, imágenes, instrumentos, pero, aun así, continúan privilegiándose las diferencias.

¿Vamos hacia un mundo mejor o hacia el mejor de los mundos?

El progreso humano es inevitable, implica cambios profundos, y el capitalismo ha sido el sistema que más fácil se ha adaptado, respondiendo a los avances tecnológicos y transitado hasta la actual explotación de las predicciones de comportamiento que derivan de la vigilancia masiva de las personas.

El método para llegar a esto no fue novedoso; nos ofrecieron espejitos y cuentas de colores: los titanes de las redes sociales declararon que nuestras experiencias privadas eran suyas y que las explotarían, mientras estábamos ocupados en todos esos productos que nos prometieron gratis, y voluntariamente les dimos nombres, direcciones, fotografías; les enseñamos nuestras comidas favoritas, nuestras posiciones políticas. Les entregamos todo ¿a cambio de qué? Nada.

Los servicios digitales no son gratis, nosotros lo somos.

Hoy el foco se está moviendo del individuo a la población, y predecir el comportamiento y entender las conductas de grandes zonas geográficas, es el objetivo.

Hay quienes no ven un problema en esto, e incluso, quienes creen poder defenderse, apoyando leyes de protección de datos, pero, ¿cuál es el punto de ser dueños de datos que no deberían existir? Es como negociar cuántas horas debería trabajar un niño de ocho años en vez de atacar a quienes quieran hacerlos trabajar.

Los datos no son nuevos, lo es la forma de capturarlos y la capacidad de análisis inteligente para generar un producto. Entender esto es fundamental.

Con la revolución tecnológica, donde robots y algoritmos podrán hacer lo mismo que un ser humano, pero mucho mejor, experimentaremos un divorcio con el sistema, en una economía que no necesite a los humanos de la misma forma que lo hizo hasta ahora.

La tecnología avanzará por los puestos de trabajo; la mayoría serán reemplazados por la inteligencia artificial (“IA”); será una batalla perdida, la IA será capaz de hacer casi todas las tareas y, cuando esto suceda, vamos a formar parte de una nueva clase social: Los inservibles.

Esto no es una especulación, es una realidad que está siendo aceptada por organismos internacionales e industriales. Solo falta saber cuándo va a pasar y cómo van a reaccionar los gobiernos.

También hay una visión optimista: se podrán detectar enfermedades con anticipación; se producirá más y mejor alimento; se podría mejorar sustancialmente la producción de energía; y aparecerán nuevos empleos y oficios, pero esos trabajos no van a ser para cualquiera. Antes de esta utopía, lo más probable es que nos enfrentemos con la peor de las distopías: una pobreza sin precedentes, la brecha entre incluidos y excluidos será aún más grande.

La historia ya nos ha contado cómo se trata a las personas que son irrelevantes. Sabemos cómo se esclaviza, cómo se encarcela, e incluso, cómo se asesina de forma masiva. No sabemos qué puede pasar cuando tanta gente sea irrelevante en una magnitud que nunca hemos visto. Ésta será la próxima lucha de clases, y si nos quedamos como meros espectadores, posiblemente asistamos a nuestra propia destrucción.

POR DIEGO LATORRE LÓPEZ
SOCIO DIRECTOR DE LATORRE&ROJO, S.C.
@DIEGOLGPN

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