DESDE AFUERA

Un país por la mitad

Los problemas de Lula pueden tener un impacto externo en una izquierda regional que esperaba su triunfo como consolidación de la "marea rosa"

OPINIÓN

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José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

De acuerdo con los partidarios de Luiz Inácio Lula da Silva, deberían hacer un homenaje al vencido presidente Jair Bolsonaro, por la ayuda que su incompetencia política, administrativa y personal, aportó para resucitar y dar nuevo brillo a un mito.

La burla suena hueca, luego de unos resultados en los que los votantes de Bolsonaro negaron el mandato a Lula da Silva, y tras horas de mantener al país en vilo en previsión de la actitud que asuma el todavía mandatario.

Más allá del acatamiento de resultados, la oposición de derecha promete ser activa y buscar formas para limitar los márgenes de gobierno para Lula, obligado tanto a hallar formas de reconciliar el país como de cumplir las esperanzas de sus electores en condiciones mucho menos que óptimas.

El dinamismo económico de Brasil, que parece estar en el umbral de una recuperación tras los problemas causados por una recesión y la pandemia de COVID, los comicios pusieron sobre la mesa un país partido por la mitad, donde el Congreso está dominado por la oposición y las expectativas son enormes.

Lula cuenta con una gran simpatía, pero los resultados electorales indican que es mucho menor de lo que desearían, sobre todo, luego de un régimen ampliamente cuestionado por sus acciones, o falta de ellas, sobre medio ambiente, seguridad, asesinatos de periodistas, manejo de la pandemia y pronunciamientos discordantes de todo tipo que llevaron a escándalos constantes. Pero la polarización política que Bolsonaro ayudó a aflorar en Brasil no es de desdeñarse, y se hizo más que patente en los resultados del balotaje, el domingo pasado.

Casi la mitad de los brasileños, 49.1 por ciento para ser exactos, se pronunció en contra de Da Silva, y en ese porcentaje están incluidos los principales estados industriales del país, como Río Grande do Sul y Sao Paulo.

Las implicaciones pueden ser considerables.

Por un lado, aunque el izquierdista fue relativamente vago en sus promesas, la esperanza de sus seguidores es un retorno a las épocas de bonanza, como cuando presidió Brasil de 2003 a 2011 y se distinguieron por gasto social apoyado en los favorables precios de sus exportaciones de materias primas.

Pero Brasil no es el mismo, ni el mundo y mucho menos Da Silva, que en los últimos 10 años vio cuestionada su autoridad moral por un juicio de corrupción y año y medio de cárcel que le evitaron competir en las elecciones de 2017.

Los posibles problemas de Lula pueden tener un impacto externo, sobre todo, en una izquierda regional que esperaba su triunfo como consolidación de la "marea rosa" que ahora abarca buena parte del continente y proclama al brasileño como su líder moral. Ciertamente no se puede ni se debe subestimar la capacidad del líder brasileño, pero tampoco el tamaño de sus problemas y las prioridades que ellos impongan.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1

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