COLUMNA INVITADA

No votar y la participación ciudadana

Se suele mirar el abstencionismo como indiferencia, rechazo o pereza hacia las elecciones, por lo que no entra, según ciertos sujetos e instituciones

OPINIÓN

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Ignacio Anaya Minjarez / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Se suele mirar el abstencionismo como indiferencia, rechazo o pereza hacia las elecciones, por lo que no entra, según ciertos sujetos e instituciones, en la categoría de participación ciudadana. No obstante, el acto de no votar debe ser entendido como una parte fundamental del proceso electoral, ya que también es una decisión deliberada sobre las elecciones y que forma parte de todo ese conjunto.

En cualquier periodo de elecciones políticas surgen distintos tipos de debates y discusiones entre la gente. Todos van encaminados a una dirección: el voto. Una característica básica de las democracias actuales es el derecho que tiene todo ciudadano, al cumplir la edad adulta y tener un modo honesto de vivir, de votar y ser votado. Las elecciones son la máxima expresión que hay en un país de la democracia, y de la mano de ella viene la participación de su población en tal proceso.

De esa manera, el voto es visto como un elemento necesario para el funcionamiento de toda sociedad democrática. De hecho, la misma Constitución mexicana lo establece como una obligación de las y los ciudadanos, según el artículo 36, fracc.III. Es por eso que se le confirió una gran importancia, lo cual provocó que se tuvieran que crear instituciones para su gestión.

Ahora bien, al tiempo que la acción de votar ha sido vista como la voluntad de la ciudadanía, la abstención al voto sigue teniendo connotaciones negativas. Se suele mirar el abstencionismo como indiferencia, rechazo o pereza hacia las elecciones, por lo que no entra, según ciertos sujetos e instituciones, en la categoría de participación ciudadana.

No obstante, el acto de no votar debe ser entendido como una parte fundamental del proceso electoral, ya que también es una decisión deliberada sobre las elecciones que forma parte de todo ese conjunto.

En ese sentido, a pesar de que el progreso de la democracia moderna tuvo como énfasis el derecho de los ciudadanos a votar, el abstencionismo siempre estuvo presente. En algunos casos fue empleado como un método de protesta ante ciertas molestias. Un periódico de la época recogía las palabras de un cerrajero francés en contra del plebiscito de 1870 en Francia: “No votemos, ciudadanos. ¿Queremos ser libres? Pues bien; lucharemos sin luchar.

La abstención es la revolución”. Sea verdadera o no la fuente de procedencia, lo que resulta relevante es la idea en ese entonces del no votar como una expresión concientizada de rechazo.

En México, el abstencionismo también ha tenido una presencia importante. En varios periódicos del siglo XIX aparece la abstención con diferentes fines, como protesta, rechazo a un candidato, crítica e incluso como herramienta política. Por ejemplo, el diario “El Siglo Diez y Nueve” mencionaba dicha práctica con respecto a las elecciones presidenciales de 1876: “Lo que debe decirse es que la abstención del pueblo mexicano será obstáculo para que la reelección aspire a imponerse al país por medo de falsos expedientes”.

Aunque siempre hay que tomar las fuentes periodísticas con sospecha, no dejan de mostrar, en este caso, la relevancia que tenía el no votar. Finalmente, era una práctica igual de valida que su contraparte y otra forma de participación ciudadana.

POR IGNACIO ANAYA MINJAREZ

@IGNACIOANAY

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