COLUMNA INVITADA

La no intervención a su conveniencia

Como buen autócrata, Ortega justifica sus acciones calificando a sus rivales como criminales, golpistas, pertenecientes de la “alta sociedad” y “agentes del imperio yanqui”

Lila Abed/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Desde el inicio del sexenio, México se ha desentendido de su rol en el sistema internacional. La política exterior del país es reactiva, carece de objetivos claros y está llena de contradicciones. Utiliza la no intervención cuando le conviene y cuando no, fija posturas que contravienen este mismo principio. El ejemplo más reciente fue su abstención de sumarse a la declaración conjunta de las Naciones Unidas, la cual firmaron 59 países para condenar las violaciones de derechos humanos y pedir elecciones libres en Nicaragua.

A cinco meses de las elecciones generales, el gobierno de Daniel Ortega ha detenido a 19 opositores, abriendo el camino para que el gobernante busque un cuarto mandato consecutivo sin competencia. Como buen autócrata, Ortega justifica sus acciones calificando a sus rivales como criminales, golpistas, pertenecientes de la “alta sociedad” y “agentes del imperio yanqui”. 

Ante ello, la comunidad internacional ha condenado las acciones del gobierno nicaragüense. México se queda una vez más al margen de otra crisis en América Latina. En 2019, nuestro país invocó el principio de no intervención para no firmar una declaración del Grupo de Lima sobre Venezuela, la cual no reconocía el nuevo mandato de Nicolás Maduro porque la elección de 2018 fue “ilegitima”. 

El 15 de junio, México se abstuvo ante la resolución de la OEA, secundada por 26 países, en la que expresó su alarma ante el deterioro de la situación en Nicaragua. Lo mismo ocurrió con la declaración de la ONU en Ginebra. La única gestión emprendida por la Cancillería mexicana fue anunciar, en un comunicado conjunto con Argentina, que llamó a consulta a su embajador en Managua por las “preocupantes acciones políticas-legales” realizadas por el gobierno de Ortega. 

Si bien es cierto que el principio de no intervención constituye una norma fundamental en el derecho internacional, con la evolución del sistema global a uno más interdependiente es inevitable que los Estados traten de influir en las acciones de otros cuando existen violaciones graves de derechos humanos. Hay límites morales a la soberanía territorial y excepciones al principio de no intervención.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la Carta de la ONU reconoció la creciente cooperación entre naciones y facilitó la intervención de los Estados en los asuntos de otros sin el uso de la fuerza, lo que desarrolló el principio de intervención indirecta a través de medidas políticas, económicas y diplomáticas. El que México haya instruido a su embajador en Nicaragua a consulta es una medida de intervención diplomática indirecta aceptada por la ONU. 

En 2005, en la Asamblea General de la ONU, todos los miembros aprobaron por unanimidad la doctrina de la Responsabilidad de Proteger (RdP) a las poblaciones frente al genocidio, la depuración étnica, los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad. Resalta la responsabilidad de la comunidad internacional de proteger a las poblaciones de un Estado cuando es evidente que este no logra hacerlo. Las naciones que se oponen a esta doctrina no respetan los derechos humanos en sus propios países. En el caso de Nicaragua, Rusia reafirmó su apoyo al gobierno de Ortega, al igual que a Cuba y Venezuela. En todos estos países, existen violaciones de derechos humanos. 

AMLO ha reiterado que la política exterior se rige por los principios delineados en la Constitución mexicana. Ante las crisis internacionales, el presidente utiliza el principio de no intervención para justificar sus posicionamientos. Sin embargo, “la protección y promoción de los derechos humanos” también es un principio de política exterior. Aunque AMLO por fin se pronunció ante la crisis política en Nicaragua, afirmando que se deben garantizar las libertades y que no debe haber represión, si continúa con su abstencionismo, México se alejará de sus compromisos internacionales, seguirá siendo incongruente con sus principios de política exterior y se sumará a un grupo de países que protegen a gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos.

POR LILA ABED
POLITÓLOGA E INTERNACIONALISTA
@LILAABED

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