COLUMNA INVITADA

El precio de la democracia

Los pesos y contrapesos son incómodos cuando se busca concentrar el poder. La víctima es la Constitución

Lila Abed/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

En la última década, un número creciente de democracias estables han transitado hacia la autocracia. Se pensaba que cuando un país lo suficientemente rico se consolidaba como una democracia, la permanencia de ese sistema era casi inquebrantable. Sin embargo, muchos países han sufrido un lento retroceso democrático en manos de líderes autocráticos.

Quizás uno de los elementos más icónicos de un declive democrático es la modificación de la constitución para avanzar los intereses del autócrata. En la actualidad, el retroceso procede a través de leyes o cambios constitucionales. En las elecciones intermedias del 6 de junio en México, la coalición de Morena perdió la mayoría calificada (dos tercios) que gozaba desde 2018, la cual le permitió aprobar reformas profundas de manera unilateral. Ahora, tendrán que negociar con la oposición y encontrar alternativas para sacar adelante las que faltan.

En días recientes, el inquilino de Palacio Nacional anunció que enviaría tres propuestas de reformas constitucionales al Congreso de la Unión: industria eléctrica, electoral y la Guardia Nacional. Si bien es cierto que la negociación con partidos opositores es un ejercicio democrático, el problema de fondo está en el contenido de dichas reformas.

El cambio a la industria eléctrica fortalecerá a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con el objetivo de que la ciudadanía no pague más por la luz y priorizará a la CFE para que tenga 54% de la industria eléctrica y las empresas privadas sólo cuenten con 46%. López Obrador había amenazado que la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica se aplicaría, aunque tuviera que cambiar la Carta Magna. Los pesos y contrapesos en una democracia son incómodos cuando un mandatario busca concentrar el poder en una sola figura. La víctima casi siempre resulta ser la Constitución.

En cuanto a la reforma electoral, el Presidente considera que se necesita garantizar una independencia real en los procesos electorales para que “no domine el conservadurismo”. Busca renovar al INE y al TEPJF, lo cual implica verificar que quienes coordinan los comicios sean “auténticos demócratas”. Dentro de esta misma, propone la reducción de los costos electorales y que se eliminen a los 200 diputados plurinominales.

Esta reforma parece ser una respuesta directa a la cancelación de varias candidaturas de Morena por parte de las autoridades electorales en los últimos comicios. Es una medida para tener mayor control en las elecciones de 2024 y una fuente para redirigir recursos electorales para otros proyectos de la 4T. Más peligroso aún es que el Presidente intenta cambiar las reglas electorales bajo la fachada de que esta fortaleciendo al sistema democrático. El debilitamiento de las autoridades electorales, remplazar a funcionarios por aliados y cambiar las reglas del juego después de una derrota electoral en el Congreso, ponen en peligro uno de los pilares de una democracia: elecciones libres y justas.

El Ejecutivo insiste en que la Guardia Nacional debe de integrarse a la Secretaría de la Defensa con la finalidad de que se cuide a sus elementos. La GN se aleja de ser un cuerpo civil y se adapta a la creciente militarización del país, convirtiéndose en una rama de las Fuerzas Armadas. El trasfondo es transformar el Estado de derecho por un derecho por el Estado, una especie de lo que el académico Michael Mann denomina el militarismo autocrático.

Esto es lo que hace que la democracia sea tan atractiva para los que llegan al poder y tan peligrosa para sus ciudadanos: las medidas antidemocráticas se adoptan de manera paulatina y se justifican por la vía legal. Morena perdió la mayoría calificada, pero AMLO buscará asegurar que la Cuarta Transformación se consolide en lo que resta de su sexenio. 

POR LILA ABED
POLITÓLOGA E INTERNACIONALISTA
@LILAABED

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