La xenofobia que escondemos

Nos indignamos ante la situación en la frontera norte, con nuestro vecino poderoso, pero cuando se trata de lo que sucede en el sur, entonces las cosas cambian y el discurso es otro

La xenofobia que escondemos
Ignacio Anaya Minjarez / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

A los mexicanos nos gusta presumir de recibir con los brazos abiertos a las personas de fuera. Sentimos que somos un país donde el hospedaje es un valor con el que cargamos todos. Es cierto, pero depende de dos factores muy importantes que no admitimos: el tipo de extranjeros y la finalidad con la que entran a nuestro territorio. El trato no es el mismo a un turista de Europa o Estados Unidos, que al guatemalteco o salvadoreño. Y ni se diga del venezolano o cubano que llegan a nuestro país buscando mejores oportunidades, porque a ellos los vemos con recelo. Pregúnteles como los tratan en migración. Esta es la realidad que escondemos, pero que en ocasiones deja reflejarse.

Nos indignamos ante la situación en la frontera norte, con nuestro vecino poderoso, pero cuando se trata de lo que sucede en el sur, entonces las cosas cambian y el discurso es otro. Tan solo con ver los comentarios que hace la gente respecto a temas relacionados con migrantes en el país, especialmente centroamericanos, se deja mostrar la xenofobia y racismo de la población mexicana. Criticábamos a Donald Trump, pero celebrábamos cuando la Guardia Nacional evitaba el paso a las caravanas centroamericanas. Tal es nuestra contradicción. No resulta raro ver, en las notas periodísticas en Facebook, a la gente llenando de corazones y me gusta las noticias que muestran cómo se evita el paso de migrantes al territorio mexicano por la frontera sur. Sin embargo, cuando el hecho sucede en Estados Unidos, de manera inmediata mostramos nuestra inconformidad y rechazo a tales acciones.

La historia oficial se ha encargado de taparlo, de hacernos pensar que los mexicanos siempre hemos sido las víctimas de las potencias extranjeras y sus ambiciones. Sí lo fuimos, pero no se habla mucho sobre la invasión militar de Antonio López de Santa Anna a la región del Soconusco en 1842, acción que protestó Guatemala. A penas se está reconociendo la masacre de aproximadamente trescientos chinos en Torreón, el 15 de mayo de 1911. Ante esto resulta relevante hacernos las preguntas: ¿Se hablará en los futuros libros de historia del país sobre los conflictos actuales de la frontera sur?, ¿sobre los 16 migrantes guatemaltecos asesinados en Tamaulipas?, ¿sobre Victoria Salazar, la migrante salvadoreña asesinada por policías mexicanos?, ¿o seguiremos   solo celebrando nuestros logros ante las intervenciones extranjeras? Todos los que conformamos la población mexicana, necesitamos replantearnos nuestra visión sobre cómo vemos a las personas del exterior.

POR IGNACIO ANAYA MINJAREZ
COLABORADOR
@IGNACIOANAY

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