Los ídolos de los niños

El futbol y los jugadores son vitales en la infancia de muchos, por lo que vale la pena sentirnos nostálgicos de cara a la fecha por venir

Los ídolos de los niños
Poncho Vera/ Gol Gana/ Opinión El Heraldo de México

Para muchos, parte indiscutible de la historia de nuestra niñez fue el futbol. Ahora que celebramos el Día del Niño vale la pena recordarlo.

No dejábamos de jugarlo; antes de clases, en el recreo, y por las tardes. Futbol hasta que oscureciera, donde fuera, en cualquier parte. Dos suéteres podían hacer una portería, y sacar el balón de debajo de un coche estacionado era una tarea común.

Unos eran muy buenos, otros nomás le echábamos ganas, pero todos nos divertíamos, pateábamos y soñábamos. Rodillas raspadas y pantalones rotos, parches de baloncitos para tapar los agujeros eran la evidencia de las batallas. Un balón siempre era un regalo muy bien recibido.

Nos sentíamos soñados con un par de tacos de los Garcís, Dunlop, o —si teníamos mucha suerte— Adidas, que eran los únicos que existían.

Nada como ir al estadio; volver de ver a los Pumas nos daba mil y un detalles para platicar con los amigos. Haber visto en vivo a Miguel España, Raúl Servín y a Manolo Negrete era completamente emocionante.

Nuestros cuartos estaban adornados con pósters en bajísima resolución de la Selección Mexicana; el que no haya calificado al Mundial de 82 nos hizo voltear a admirar a Italia, Brasil o Alemania. Pensábamos que esos jugadores estaban hechos de otros materiales.

No se vendían uniformes de nuestras tallas en Liverpool o en París-Londres, ni siquiera en Martí. A lo más que llegábamos era unos piratas de chafísima calidad que vendían afuera de los estadios.

Los futbolistas eran nuestros ídolos, queríamos ser como ellos. Los imitábamos. Sí, por nuestras mentes soñamos alguna vez ser futbolistas de grandes.

Debe de ser muy especial que los niños quieran ser como tú. Penosamente veo que no muchos se hacen responsables de eso. Se les olvida que hace algunos años tenían ídolos.

Se portan como unos auténticos barbajanes, poniendo un ejemplo lamentable. Pelean, escupen, ofenden… se portan como escuincles malcriados.

Si bien ellos no son responsables de la educación más que de sus hijos, moralmente tienen una responsabilidad con aquellos que los idolatran. Incluso también es un compromiso profesional. En honor de la verdad, su sueldo, y la viabilidad de su oficio, se da gracias a la afición.

Me resulta risible la seriedad con la que en ocasiones se habla de futbol, como si no fueran los niños los que en verdad le dan valor y sentido.

A los adultos nos encanta el futbol, a los niños los hace crecer, les inculca valores, casi nada les resulta tan importante. Feliz Día del Niño.

POR PONCHO VERA
ALFONSO_VERA@HOTMAIL.COM
@PONCHO-VERA

maaz


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