Más allá de la ideología: Alternancia en América Latina

En esta región del mundo persisten dos visiones políticas: el populismo y la corriente liberal

Más allá de la ideología: Alternancia en América Latina

El domingo pasado, Guillermo Lasso se convirtió en presidente electo de Ecuador, tras derrotar a Andrés Arauz. Con este resultado, el país sudamericano deja atrás 14 años de correísmo y entra en una nueva etapa de previsible liberalización política y económica.

Desde la óptica tradicional, este resultado podría enmarcarse en un supuesto viraje ideológico de la región, que históricamente se ha considerado inmersa en una lógica pendular entre la izquierda y la derecha. Una lectura más contemporánea, interpretaría que la elección representa una derrota para el populismo, que parecería perder terreno frente a la democracia liberal.

Pero esta alternancia, más que ideológica, es el resultado de una disputa entre visiones concretas de país: por un lado, los proyectos que impulsan la apertura y la liberalización; por el otro, los que apuestan por políticas proteccionistas, incluso nacionalistas. En América Latina, prácticamente todos los países democráticos han transitado entre ambas visiones.

En Argentina, por ejemplo, la apertura económica inaugurada en la década de 1990 por el presidente Carlos Menem enfrentó algunos retrocesos con el kirchnerismo, que instrumentó medidas contrarias a la liberalización, como la sustitución de importaciones. El actual gobierno, por su parte, ha recuperado parcialmente la vocación estatista, en contraste con la administración encabezada por el republicano Mauricio Macri, quien había apostado por esfuerzos como la postulación del país para ingresar a la OCDE.

En Brasil, el populismo de extrema derecha del presidente Jair Bolsonaro sucedió al socialismo del Partido de los Trabajadores, que había encabezado el Ejecutivo durante más de una década: un periodo que terminó con la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff. Es verdad que el bolsonarismo ha impulsado una economía liberal, pero no puede perderse de vista el hecho de que también ha avanzado una agenda conservadora en el terreno social, que incluso llega a ser contraria a los derechos y libertades de las personas. Aquí el movimiento pendular se ha dado en dos ejes muy claros.

El caso de México es muy particular, pues la transición hacia la apertura política y económica de finales del siglo XX no se debió a una alternancia entre partidos, sino que se dio al interior de un régimen de partido dominante, en el que mandatarios emanados de la misma formación política, el PRI, encabezaron proyectos radicalmente distintos a sus antecesores.

Estos ejemplos muestran tendencias persistentes en el panorama político latinoamericano: la primera es que el populismo se ha vuelto una estrategia política común para avanzar cualquiera de las dos visiones nacionales, lo cual representa un riesgo tanto para la integración como la institucionalización de la región; la segunda es que la visión liberal parece consolidarse como la única respuesta viable frente a los políticos populistas; lo cual, implica una gran responsabilidad para quienes nos inscribimos en ella y abrazamos sus valores.

POR CLAUDIA RUIZ MASSIEU
SENADORA POR EL PRI
@RUIZMASSIEU

dza


Compartir