“El bache del terror”

Llena de baches. Así es como recuerdo las calles de la Ciudad de México desde que soy pequeña.

“El bache del terror”
Atala Sarmiento/ Anecdatario/ Opinión El Heraldo de México

Repararlos suele ser un milagro, por el poco interés del gobierno por mantener las calles pulidas, parejas. Conducir es toda una aventura que se convierte en una especie de videojuego en el que vas acumulando puntos cada vez que esquivas uno, y pierdes una vida cuando caes en él.

Tenía 15 años cuando un bache fue el causante del único accidente de coche que he tenido en mi vida. Era un domingo del típico verano lluvioso de la capital mexicana y volvíamos de haber pasado la tarde con mi padre. Había anochecido y una tormenta dificultaba la visibilidad.

Hacía semanas que una coladera mal colocada estaba en reparación, con lo cual, se había quedado un montículo de arena y grava junto al hoyo correspondiente. Mi hermana mayor conducía su auto deportivo de suspensión baja lentamente en lo que los limpiadores barrían a gran velocidad los litros de agua que caían sobre el parabrisas. Rafa, mi hermano pequeño, venía de copiloto y yo en el asiento trasero. La inclemente lluvia nos tenía muy asustados y nerviosos.

De pronto, el auto dio un gran salto porque nos fue imposible ver el montículo de arena. Nuria intentó controlar el volante, pero fue imposible y nos volcamos hacia una especie de barranco que había a la derecha. Entre gritos bajamos golpeando con rocas y tierra hasta que una de esas piedras detuvo la inercia con la que el coche había volado.

Yo comencé a gritar exasperada y mi hermana me pidió calma de manera violenta. Solo se podía abrir una puerta el coche por la que pudimos salir los tres empapándonos de tormenta.

Cuando salimos y esperábamos ayuda, vimos a más de una decena de coches que estuvo a punto de tener exactamente el mismo accidente que nosotros; varios coches volaron con el montículo pero corrieron con más suerte y control para volver a caer sobre la calle y continuar su rumbo.

Esperamos un par de horas bajo la lluvia a que llegara una grúa a sacar el coche y el seguro para documentar el accidente. Varios amigos que eran vecinos pasaron por ahí y se detuvieron cuando descubrieron que éramos nosotros necesitando ayuda.

Hoy estoy de visita en México. Han pasado, nada más, 33 años de aquella noche horrible y el bache de la coladera mal colocada sigue ahí ¡tres décadas después! causando que cada auto tenga que bajar la velocidad y evitar un colapso.

Podría indignarme como ciudadana de que no han arreglado ese bache en 33 años, pero he optado por tomarlo positivamente como un recordatorio de que la vida misma es así. Cada día esquivamos baches y, a veces, no podemos evitar caer en alguno. Lo importante es cómo salimos de ellos y lo que aprendemos en ese trayecto. Siendo así, deseo que no lo arreglen nunca.

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI

 

dza


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