COLUMNA INVITADA

Caminamos entre tumbas

A la memoria de Leonel Luna Estrada 

OPINIÓN

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Francisco Acuña Llamas / Analista y catedrático de la UNAM / Opinión El Heraldo de México

Jamás imaginé escribir estas líneas para despedir inesperadamente a mi amigo Leonel Luna Estrada, menos aún -pude sospechar- que su muerte estaría tan cerca. Apenas hace unos días cruzamos saludos por mensaje telefónico. Su trágico final ha dejado un silencio de duelo en muchos ámbitos de la vida pública (principalmente de la ciudad de México); me preocupan sus más cercanos familiares que están devastados por la tragedia: sus hijas, su señora madre Doña Hortensia a la que pedía diariamente consejo político y su hermano y, también tantas muchas personas de la demarcación Álvaro Obregón y zonas aledañas que lo seguían como líder y confiaban en su guía. 

Leonel murió de madrugada y dejó su último aliento por las calles y avenidas de Ciudad de México; la cuna de sus sueños, la sede de sus propósitos políticos desde su más temprana edad. Sin embargo, algo truncó tu vida, la vida de un hombre joven, un político de tiempo completo, un profesional de los entendimientos políticos por la estabilidad y los equilibrios parlamentarios y la representación política en la Ciudad de México, cuando tanto urgen esas virtudes. 

Leonel fue constituyente de la Asamblea que renovó la faz Jurídica de la Ciudad de México y durante esa epopeya cívica, fue un exponente de la autonomía de las alcaldías luego de haber sido dos veces delegado en Álvaro Obregón.  

Conocí a Leonel hace más de tres décadas, coincidimos en las lides juveniles que por esos años 1987/1988 nos tocó conocer la irrupción de una exigencia cívica que desbordó los resultados electorales de aquella tan controvertida elección presidencial, desde entonces, animoso y diligente abría caminos para remediar injusticias sociales, así fue escalando en oportunidades de las administraciones públicas capitalina y de la federación hasta convertirse en actor político visible y necesario para hacer consensos . Una muestra indiscutible de su pluralidad es que el primero en acudir a su velatorio fue el Senador Ricardo Monreal Ávila, así desfilaron senadores, legisladores federales y capitalinos alcaldes de todas las expresiones partidistas. 

 Leonel fue un gladiador de la República consagrado de por vida a la defensa de la ciudad capital; era intrépido y a la vez mesurado, sabía discutir, pero sabía cumplir acuerdos, era cauteloso y estratega político, no se abandonaba a las fiestas, descansaba trabajando.   

Como uno de tantos amigos que forjó a lo largo de su meteórica vida, no me conformo a consentir la conclusión de su vida en ese accidente vial, sin que como en todo percance del que devienen lesionados sea esclarecido por las autoridades competentes. “Caminamos entre tumbas” fue una expresión de Jaime Torres Bodet y por desgracia es terriblemente cierto. Leonel, no solo te extrañaremos, seguirás haciendo falta, la democracia por la que luchaste permanece inconclusa. Amigo honraremos tu memoria para que puedas descansar en paz. 

Francisco Javier Acuña 

Analista y catedrático de la UNAM 

@F_JAVIER_ACUNA 

dza