Diplomacia cultural: un legado para México

Resulta evidente que nuestra riqueza cultural es un elemento que facilita el posicionamiento internacional de nuestro país

Diplomacia cultural: un legado para México
Emilio Suárez Licona / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

México es referente mundial en riqueza cultural. Al paso de los siglos, nuestro país se ha definido a través de una diversidad de expresiones culturales que se materializan en una amplia variedad gastronómica, capital lingüístico, manifestaciones artísticas de todo tipo y tradiciones que trascienden generaciones. La relevancia de nuestro patrimonio cultural se refleja en que este sector representa el 3.1 por ciento del PIB nacional, siendo factor fundamental para posicionarnos como el séptimo destino con mayor recepción de turistas en el mundo, con una derrama económica de más de 24 mil 600 millones de dólares al año.

Resulta evidente que nuestra riqueza cultural es un elemento que facilita el posicionamiento internacional de nuestro país. En tal escenario, se vuelve imprescindible el impulso de la diplomacia cultural, como una de las herramientas más poderosas para cerrar distancias y crear espacios de entendimiento en el ámbito global. La globalización ha hecho de la perspectiva cultural en las relaciones exteriores un componente esencial, obligando a los Estados a buscar escenarios de neutralidad donde puedan transmitir valores nacionales a través del diálogo.

En México, el protagonismo de la diplomacia cultural en la política exterior se ha concretado gracias al esfuerzo y compromiso de diversos actores de marcado prestigio, entre los cuales destaca el nombre del Embajador Alfonso de Maria y Campos Castelló, amante de la historia y de nuestro bagaje cultural; ferviente maestro y mentor; pero, sobre todo un apasionado de la expansión y difusión del patrimonio cultural mexicano en el exterior.

A lo largo de su extraordinaria trayectoria como servidor público, el Embajador de Maria y Campos, llegó a ocupar cargos y  responsabilidades de gran relevancia en la Cancillería, tales como la Dirección General de Asuntos Culturales y el consulado de México en San Francisco. También tuvo la responsabilidad de dirigir el Instituto Matías Romero, entre muchos otros.

En cuanto a su legado en el ámbito cultural, colaboró en el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, para después encabezar el INAH, donde recibió la encomienda de rehabilitar diversos museos y reabrir catorce zonas arqueológicas.

Afortunados somos los que tuvimos la dicha de coincidir con él en alguna faceta de nuestra vida profesional. Frente a su ausencia física, lo recordaremos siempre como uno de los diplomáticos más relevantes de nuestra época, al haberse dedicado  fervientemente a la construcción y ejercicio de una política exterior anclada en el posicionamiento cultural de nuestro país en el ámbito internacional. No cabe duda de que todos aquellos que estemos comprometidos con poner en alto el nombre de México, haremos bien en honrar su recuerdo y legado.

*La columna de hoy está dedicada a todos los familiares, amigos y servidores públicos que tuvieron el honor de conocer al Embajador y compartir con él su entrega hacia la construcción de la diplomacia cultural mexicana.

POR EMILIO SUÁREZ LICONA
CONSULTOR Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD PANAMERICANA
@EMILIOSL
BGM


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