Los malos tiempos de la UE

Cuando Josep Borrell, el encargado de política exterior de la Unión Europea (UE) regresó de un viaje a Moscú la semana pasada, enfrentó una tormenta, por lo que muchos en el Parlamento Europeo consideraron una visita inútil y humillante

Los malos tiempos de la UE
José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

Cuando Josep Borrell, el encargado de política exterior de la Unión Europea (UE) regresó de un viaje a Moscú la semana pasada, enfrentó una tormenta, por lo que muchos en el Parlamento Europeo consideraron una visita inútil y humillante.

De hecho, Borrell tuvo que tragarse en Moscú que el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Sergéi Lavrov, calificara a la UE como un "socio desconfiable". Y eso, luego de que ignoró llamados para suspender el viaje, que comenzó apenas horas después del arresto del disidente ruso Alexéi Navalni y la expulsión de varios diplomáticos europeos por su apoyo al opositor.

Para justificar el viaje, Borrell alegó sobre los méritos del diálogo. Pero esa excusa es endeble cuando se trata de negociar con los rusos, viejos maestros de la realpolitik.

Así, a su retorno a Bruselas, debió enfrentar preguntas sobre su falta de respuesta. O como lo puso la eurodiputada belga Assita Kanko, "¿dónde están los cojones de la Unión Europea?"

Para algunos, el viaje y su secuela pusieron de relieve los problemas de la UE para tener una política exterior comunitaria. Y en alguna medida de prioridades competitivas con las necesidades de algunos de sus miembros, en especial los más influyentes. 

Una de las razones que se esgrimieron para el viaje fue la adquisición de unos 2,300 millones de dosis de la vacuna rusa Sputnik V, para asegurar un suministro que fue también el centro de problemas.

De hecho, la presidenta de la Comisión Ejecutiva, Ursula von der Leyen, debió aceptar errores tanto en el proceso de adquisición como en sus cálculos sobre la disponibilidad de vacunas adquiridas previamente y sujetas a lo que varios medios europeos calificaron como "un desastroso despliegue".

Y esto, pocos días después de que se viera envuelta en un feroz debate con Gran Bretaña, acerca de la situación en Irlanda e Irlanda del Norte, la única frontera física entre las dos partes tan recientemente separadas por el Brexit, como se definió el agrio y largo proceso de la salida británica del bloque.

De hecho, bien podría decirse que son tiempos difíciles para la Unión Europea.

El ente supranacional, que bien pudiera ser la segunda o tercera potencia económica mundial y gracias a su pasado, con una influencia considerable a lo largo y ancho del planeta, se ha visto sacudida por una serie de debates y situaciones que en alguna medida son existenciales.

Sería posible decir que la UE surgió como última consecuencia de la idea de que la unión hace la fuerza, pero también que la agrupación ha enfrentado los últimos años –y aún ahora– cuestionamientos internos tanto sobre su jurisdicción sobre tácticas nacionales, especialmente en lo económico, como los mandatos políticos y por supuesto, las contradicciones de política exterior.

Pero al mismo tiempo, la UE es en muchos sentidos un experimento geopolítico inédito y al parecer, como toda democracia, sujeta de dudas y crisis continuas.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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