MALOS MODOS

Los Beatles: Get Back

Un caso de veras peculiar el Peter Jackson: empezó como director de películas gore verdaderamente cutres, como Mal gusto

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de México

Un caso de veras peculiar el Peter Jackson: empezó como director de películas gore verdaderamente cutres, como Mal gusto, su debut; ganó óscares a mansalva y, es de suponerse, dólares de la misma forma, con la saga de El señor de los anillos y la de El Hobbit; y hasta se permitió algún patinazo no muy grave, como King Kong. Ahora, vuelve nada menos que con Los Beatles: Get Back, la muy esperada serie documental. 

La historia misma de la serie es digna de eso, un documental. Aficionado obseso a los de Liverpool, Jackson confirmó por Apple Corps, la compañía de los Beatles, que existían 50 y pico horas de material inédito que sobraron de Let it Be, el documental de 1970 de Michael Lindsay-Hogg. De esas horas procede el material de esta serie, un trabajo prodigioso de ensamblaje por parte de Jackson, que, recordemos, hizo años atrás un documental, Jamás llegarán a viejos, con imágenes de la Primera Guerra. 

Si algo puede reprochársele a Get Back es que está hecha por un fan. En efecto, hay momentos en que resulta pesado el exceso de conversaciones entrecortadas entre los protagonistas, entre muchos cigarrillos y tragos de, es de suponerse, té. Pero, francamente, pecata minuta. Lo que vemos en la pantalla es, a detalle, uno de los momentos creativos más importantes del siglo XX, nada menos. Como es sabido, en 1969 los Beatles llevaban unos años sin dar conciertos, pero muy productivos. Ahí está ese disco virtuoso, divertido, irreverente a ratos que es el Álbum blanco, por ejemplo.

Fue entonces que, en un maratón creativo como nunca se había visto, compusieron en tres semanas nada menos que Let it Be y un buen pedazo de Abbey Road. Bueno, pues lo que vemos es el proceso de creación de esas canciones, gracias a que el maratón llevó aparejado el estrés unas cámaras que nos los sueltan ni un minuto, las cámaras de Lindsay-Hogg.

Al mismo tiempo, los cuatro, siempre acompañados por Yoko Ono, le dedican ratos a canciones ajenas, de Chuck Berry o Dylan por ejemplo, y a las propias de sus años anteriores. Y es una buena cosa, no solo por el privilegio de atestiguar cómo se maquinaron y cambiaron esos temas que tenemos incorporados, todos, a nuestro disco duro, sino, sobre todo, porque, aunque sea de forma desigual, a tientos, interrumpidamente, volvemos a oír a esos cuatro, y en su mejor momento.  

De paso, Get Back ayuda a terminar con algunos equívocos y lugares comunes. De entrada, la serie no sataniza a Yoko, una satanización que habla más de la misoginia ambiente que de ella. Pero es que además, en el ocaso de esa banda, que se acercaba ya a la disolución, se deja ver un ambiente bastante fraternal, apenas matizado por una rara irritabilidad de Harrison, y sobre todo una sintonía que parece plena entre Lennon y McCartney.  

De veras, no se la pierdan. En Disney. 

POR JULIO PATÁN

COLUMNISTA

@JULIOPATAN09 

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