MALOS MODOS

El regreso de Los Soprano

Sonaba bien. Finalmente, pasados casi 15 años, David Chase, el talento que se inventó la que puede ser la mejor serie de la historia

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de México

Sonaba bien. Finalmente, pasados casi 15 años, David Chase, el talento que se inventó la que puede ser la mejor serie de la historia, Los Soprano, volvía a esos territorios con una suerte de precuela, The Many Saints of Newark o Los santos de la mafia, como se le conoce en español. Situada en los 60, la película te permite acercarte al, digamos, periodo de formación de varios de los personajes, con Tony Soprano a la cabeza, y, lo que sonaba mejor todavía, con los conflictos raciales a manera de contexto. 

La mala noticia es que la película no termina de carburar. Nada grave. Hay una fotografía demasiado bonita, demasiado penumbrosa y demasiado homogénea; un casting coquetón que, para los juegos de trivia, incluye al hijo de James Gandolfini en el papel de Tony Soprano cuando adolescente, así como a Ray Liotta, que algo entiende de papeles de mafioso; y, sobre todo, en funciones de co guionista, está Chase, es decir, el señor que inventó la serie y al inventarla, sí, cambió dramáticamente la forma de hacer televisión, particularmente por el papel asignado desde entonces a los escritores en ese negocio, que pasaron de ser empleados de nivel medio no muy respetados en la jerarquía de la producción, a cobrar fortunas y marcar la pauta de lo te cuentan en la pantalla.

Pero, de manera difícil de explicar, hay algo de predecible, al mismo tiempo algo de irreal y sobre todo mucho de letárgico en esta historia, como si a Chase aquel universo magnífico de gángsteres con pants, cadenas de oro, nalgas planas y sociopatías complejísimas se le hubiera rebelado, en plan “Esto no da para más, querido”, y se le hubiera convertido en un cliché narrado a pocas revoluciones. Insisto, nada grave: no vas a pasar las dos horas más aburridas de tu vida, ni de lejos, e incluso te vas a topar con algunos momentos rescatables, pero tampoco es que vayas a a un chapuzón en las muchas virtudes de esa obra maestra que seguramente viste de modo compulsivo hace unos años. 

Y vaya que es una obra maestra. Alguien con buen gusto me dijo hace poco que Los Soprano había envejecido mal. Disiento. Siguen ahí las actuaciones extraordinarias, la de Gandolfini para empezar, y esas historias de amor del malora, venganza y mezquindad (ninguna serie, salvo tal vez Seinfeld, incluye tantos personajes miserables), y la maldad de proporciones casi mitológicas de la madre de Tony, y la sofisticación que le imprime a su personaje, la terapeuta del capo, esa actriz poco valorada que es Lorraine Bracco. Sí: los Soprano siguen intactos. Esa es la buena noticia: que Los santos de la mafia, en el peor de los casos, es un buen pretexto para regresar a la serie. 

Claro que a lo mejor me equivoco. Tal vez los Soprano efectivamente envejecieron mal y, con ellos, yo. Pero no vamos a entrar en esa discusión. 

POR JULIO PATÁN

COLUMNISTA

@JULIOPATAN09     

MAAZ