Calderón tuvo razón

Aunque se presentó un plan de vacunación conforme a la edad de los mexicanos, el primero en alterar dicha lógica fue el propio gobierno

Calderón tuvo razón
Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

Sin duda hay al menos un aspecto acerca del cual hoy se puede decir que el expresidente Felipe Calderón no erró en su mandato: haber corrido a Hugo López-Gatell cuando México atravesaba la epidemia por la influenza H1N1.

Los números no mienten. Más de 152,000 muertos y casi 1,800,000 infectados son muestra inequívoca de una pésima gestión de la pandemia por parte del encargado de enfrentarla. Y eso que estos números no toman en cuenta el 45% extra que ha contabilizado el INEGI y que la misma Secretaría de Gobernación ha dado por válidos. Ello significa que el número real aumentaría a más de 217,000 muertos y 2,610,000 infectados.

Ante tan deplorable resultado se hubiera esperado  que fuera otro el encargado del plan de vacunación y su implementación. Pero no fue así. Y lo que ya se vislumbra, dados las evidentes primeras fallas y vacíos, es que la vacunación en México cruzará por iguales o peores derroteros que la epidemia en sí.

Se puede hacer un adecuado resumen de yerros de lo que hasta hoy se sabe del Plan Nacional de Vacunación anti Covid-19, y eso que hay mucha información a la cual no se puede acceder porque se clasificó como de “seguridad nacional”, la cual no se podrá consultar sino hasta dentro de algunos años. Datos sobre monitoreo y seguimiento que, en la mayor parte de los países desarrollados del mundo sí se hacen públicos para que la ciudadanía sepa con exactitud el tipo de vacunas, el número, los costos, los pagos, los convenios, los contratos, los inoculados, los registros de dosis y lotes, la documentación y los márgenes de efectividad, son datos que en México no hay o escasean.

Esta última parte de la historia se inició cuando México tuvo la oportunidad de hacer pedidos de vacunas a tiempo porque, al menos oficialmente, se tenían los recursos económicos necesarios. Sin embargo se decidió no hacerlo. Ergo, imposible pensar que semanas/meses más tarde se podían conseguir (con Pfizer y AstraZeneca), puesto que otras naciones ya encabezaban las listas de pedidos. En el mismo sentido, cuando las entidades de la república, la iniciativa privada o la sociedad civil organizada pudo haber intentado gestionar por su cuenta la adquisición de las vacunas, no se les dio autorización. Esta se dio cuando ya se sabía que, en caso de querer adquirirlas, lo podrían hacer cuando muy pronto hasta diciembre; la Cuarta Transformación simuló dar el permiso a sabiendas de que no conseguirán las vacunas... A eso se agrega que las farmacéuticas mismas llevan atrasos importantes en la producción imputables solo a ellas, y que eso lleva a que no podrán cumplir con los contratos en firme, lo cual evidentemente no es responsabilidad del gobierno mexicano. 

Aunque se presentó un plan de vacunación conforme a la edad de los mexicanos y los grados de exposición al virus, el primero en alterar dicha lógica fue el propio gobierno federal. Doctores, enfermeras y personal hospitalario —público y privado—han quedado relegados, para primero vacunar a los “siervos de la nación”, a personal militar, también a voluntarios y, ahora, hasta los legisladores del partido en el poder han levantado la mano.

Muestra del desastre en la logística es que, mientras que en otros países hay filas programadas con antelación y que se hacen públicas, donde los ciudadanos acuden a inocularse con las muchas, pocas o muy pocas vacunas disponibles, en nuestro país las vacunas se administran sin orden ni concierto. 

En el ranking de las naciones en la materia, Israel cuenta ya con más del 44% de su población vacunada, Estados Unidos con un 7% (pero ya se anunció que aumentará el número para alcanzar un millón y medio de inoculaciones al día) y México sigue a la cola de las naciones desarrolladas con el 0.5% de su población vacunada.

Adicionalmente, se tiene a la Secretaría del Bienestar-INSABI haciendo llamadas —sin ton ni son— a una parte de la población adulta mayor. ¿Se les comunica alguna fecha y lugar para su vacunación? ¿Se les registra? ¿Se cuenta ya con las vacunas para administrarlas a esa población? Las respuestas en todos los casos son negativas. Simplemente se destinan recursos y tiempo de esa dependencia federal a “sondear” si la persona que contesta estaría interesada en la vacuna en algún momento dado... A ese grado la vaguedad y la falta de seriedad del gobierno federal.

Por si todo lo anterior no fuese suficiente, Hugo López-Gatell viajó a Argentina para ver la posibilidad de que México reciba también la vacuna rusa. Acto seguido, habiendo sido “exitoso” en su encomienda, COFEPRIS hizo el enorme “favor” de autorizarla, cuando ni la FDA ni la EMA (respetadas y autorizadas agencias estadounidense y europea) han dado su visto bueno a la misma. Menos mal que ni siquiera eso se concretará, ya que ahora se sabe que Rusia no tiene la capacidad de producir la cantidad de vacunas prometidas... en eso sí se parecen aquella nación y la nuestra.

Habiendo hecho el recuento del desastre que ha sido la estrategia del epidemiólogo y ante la galopante incertidumbre de lo que viene, de la ineptitud, de la fuerte carga ideológica de algo que debiera ser científico y de los favoritismos que ha habido, urge que la estrategia de vacunación en México cambie de encargado. Así sea esto con fines meramente simbólicos.

Y leyendo entre líneas (¿hay otra manera de hacerlo con esta administración de la 4T?), uno podría suponer que ahora sí ya se prepara la salida de López-Gatell. ¿O cómo entender el que doña Olga Sánchez Cordero dijera ayer que el “INEGI es sumamente confiable”?...

 

POR VERÓNICA MALO GUZMÁN
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM
@MALOGUZMANVERO
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