EU, de la destemplanza a la moderación

“La democracia es preciosa. La democracia es frágil. Ha prevalecido la democracia”, Joe Biden, presidente de los Estados Unidos de América

EU, de la destemplanza a la moderación
Mauricio Farah / Todos Somos México / Columna Invitada

Después de tanto grito, había que bajar la voz.

Después del imperio de la destemplanza, había que llamar a la moderación.

Después de tanta promoción de la división, había que convocar a la unidad.

Después de tanto odio y resentimiento, había que esparcir conciliación.

Joe Biden, el presidente 46 de Estados Unidos, aplicó en el discurso inaugural de su mandato el urgente y sanitizante contraste que su país necesitaba.

Asumía el poder, en efecto, luego de cuatro años del gobierno más errático que haya tenido EU y, más aún, luego de la mayor amenaza que haya enfrentado su democracia.

Por eso algunos de sus fragmentos parecían no corresponder a lo que se dice en un cambio de gobierno, sino a lo que debe decirse después de una hecatombe: “Hay mucho que reparar, que restaurar, que sanar, que construir y que ganar.” 

Frente a los escombros resultantes de pasar de la unidad básica a la unidad erosionada, el presidente entrante tuvo que recurrir a la expresión extrema para describir la tarea: “Restaurar el alma”.

Ante el delirio del que creía poder decirlo todo, hacerlo todo, reinventarlo todo, Biden rescató la simple y contundente realidad de todos los pueblos: “La historia de Estados Unidos no depende de uno de nosotros, ni de algunos de nosotros, sino de todos nosotros.”

Frente al hacha que todos los días cercenaba la convivencia y exacerbaba la polarización, Biden comprometió “toda mi alma para unir a nuestra nación”, a fin de luchar “contra los enemigos que enfrentamos: ira, resentimiento, odio, extremismo, violencia, enfermedad, desempleo y desesperanza”.

El mandatario estadounidense no sólo subrayó el gran alcance abstracto de la unidad sino también su valor práctico: “Con unidad podemos hacer grandes cosas. Podemos enmendar los errores, dar buenos empleos a la gente, superar este virus mortal, recompensar el trabajo, reconstruir la clase media, asegurar la asistencia sanitaria para todos, garantizar la justicia racial… tratarnos unos a otros con dignidad y respeto.”

Por momentos, el discurso de Biden pareció un ritual de desinfección, lo mismo cuando pidió: “Empecemos a escucharnos unos a otros, a oírnos unos a otros, a vernos unos a otros, a respetarnos unos a otros”, que cuando dijo explícitamente: “Tenemos que poner fin a esta guerra civil que enfrenta al rojo con el azul, a lo rural con lo urbano, a los conservadores con los liberales.”

 Y al final el compromiso con la naturaleza democrática de su elección: “Seré presidente de todos los estadounidenses. Lucharé con la misma fuerza por los que no me apoyaron como por los que sí lo hicieron.”

Después de tanto grito, había que hablar serenamente y aprestarse a recuperar la moderación y la sensatez en pos de la unidad.

POR MAURICIO FARAH
MAURICIOFARAG@HOTMAIL.COM
@MFARAHG


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