No es militarización

La única institución capaz de materializar proyectos sin dispersar recursos y se pierda control de los procesos es el Ejército

No es militarización
Carlos Mota / Un Montón de Plata / Opinión El Heraldo de México

La principal razón de la utilización del Ejército en muchas actividades productivas de México no es la militarización del país, aunque algunos observadores así lo quieren ver. 

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha explicado pobremente el tema, haciendo énfasis en que el Ejército no es corrupto y que su involucramiento en proyectos productivos representa ahorros. 

¿Cuál es entonces la motivación para hacer que el Ejército construya un aeropuerto; edifique las sucursales del Banco del Bienestar; distribuya vacunas contra el COVID-19 en todo el territorio; y opere tramos del Tren Maya? Algo más sencillo de lo que imaginamos: se trata de una coordinación operativa adecuada, algo que de tan simple parece inverosímil, pero que es verdad: las capacidades organizativas del Estado mexicano son ínfimas, por lo que el Presidente detectó que únicamente el Ejército puede coordinar proyectos completos. 

La raíz de que el Ejército esté involucrado en tanta cosa no es un deseo del Ejecutivo de imponer un Estado militar que ensombrezca las libertades civiles. De hecho, no se siente así, y nadie en su sano juicio podría afirmar que la institución que encabeza el general Luis Cresencio Sandoval acosa a la ciudadanía. 

Sí, es un hecho que el Ejército no debe ejecutar proyectos que en una economía liberal corresponden a empresas privadas. Construir bancos u operar trenes no es una labor adecuada para las Fuerzas Armadas

El problema es que el Presidente está urgido de ejecutores y no los encontró en el aparato gubernamental. La única institución capaz de materializar proyectos sin que se dispersen recursos y se pierda el control de los procesos es el Ejército. 

¿Debemos temer porque el Ejército se involucró en tanta cosa? No. El riesgo de un Estado militar es mínimo. Lo que no podemos aceptar es que el Ejecutivo claudique en garantizar capacidades organizacionales básicas para sus proyectos, independientemente de que estemos de acuerdo con ellos o no. El Presidente tiene el derecho de elegir qué proyectos priorizar. A lo que no tiene derecho es a perpetuar el océano de ineptitudes que ha inundado al gobierno por décadas.  

 

DAVID RAZÚ 

Nombramiento clave en el sector financiero. David Razú Aznar llega como director general de la Afore XXI–Banorte por acuerdo tanto del IMSS que encabeza Zoé Robledo, como de Banorte, el grupo financiero presidido por Carlos Hank González. Razú es economista y cuenta con un diplomado en finanzas bursátiles por el ITAM, además de dos maestrías, una en la London School of Economics y otra en Harvard

Es un experto en seguridad social y mercados laborales, y ha trabajado como consultor para The Brookings Institution y para el Banco Interamericano de Desarrollo. La recepción del nombramiento por parte de los inversionistas ha sido de lo mejor. 

POR CARLOS MOTA
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