Capacidades estatales y diplomacia covid

Medio Oriente y Latinoamérica enfrentan desafíos diplomáticos y variaciones en la capacidad estatal

Capacidades estatales y diplomacia covid
Marta Tawil / Agenda Levantina / Opinión El Heraldo de México

El pasado viernes, el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenéi, prohibió la importación de vacunas antiCOVID-19 estadounidenses y británicas; los acusa de buscar "contaminar" al país. Irán prefiere esperar y contar con sus aliados rusos y chinos, así como con una vacuna nacional desarrollada con investigadores cubanos.

La pandemia ha presentado oportunidades y desafíos en el ámbito de la política exterior en Latinoamérica y Medio Oriente. Estados Unidos ha sido mucho menos visible que otras potencias, con la caótica respuesta interna del gobierno de Donald Trump que inspira más burla que admiración. 

Es Beijing, no Washington, quien acelera el envío de ventiladores para ayudar a países latinoamericanos y de Medio Oriente. Rusia ha intentado hacerse presente ofreciendo tratamientos. Las monarquías árabes también aprovechan la pandemia para ganar influencia tanto en países árabes vecinos como en Latinoamérica. Emiratos donó a la Organización de los Estados Americanos equipos de protección para el personal de salud; Qatar ha apoyado a México para la adquisición de insumos médicos. 

La respuesta a la pandemia por coronavirus también revela, quizás más que cualquier otro suceso en la historia reciente, la variación en las capacidades de los Estados. Éstas se pueden observar en cómo se identifican contagios, se imponen y hacen cumplir los cierres de manera sostenible, se adquieren pruebas y suministros médicos, se elaboran planes de salvación económica, se comunican las políticas y se prevén rumores e información falsa, y desde hace algunas semanas, en cómo ocurre el proceso de vacunación de sus ciudadanos. 

En Medio Oriente, las respuestas de Estados débiles y de gran demografía han sido predeciblemente menos efectivas. Por ejemplo, la respuesta militar de Egipto fue lenta e inadecuada; se centró más en controlar la información y vigilar la esfera pública que en actuar. Aquellos devastados, como Yemen, Libia, Siria, Irak y Gaza, donde la capacidad de responder rápida y efectivamente es casi nula, actores no estatales como las Fuerzas de Movilización Popular en Irak se han fortalecido. En esas zonas, como en las fronterizas, las concentraciones de refugiados y desplazados trazan vectores para una transmisión más amplia del virus. Más aún, las comunidades laborales migrantes, incluso en las monarquías ricas del Golfo, son especialmente vulnerables por la falta de derechos. 

Por último, la respuesta a la pandemia ha legitimado el control estatal sobre la sociedad de formas que, aunque necesarias para ralentizar la transmisión del virus, facilitan la reincidencia autocrática en países como Túnez o Irak. También se observa una lógica de securitización, ilustrada por las evoluciones en Israel y Líbano. 

Este tipo de ejemplos invita a reflexionar sobre procesos paralelos en Latinoamérica. Los efectos económicos de la pandemia probablemente exacerbarán muchos de los factores que impulsan el malestar político en nuestros países y regiones. 

 

POR MARTA TAWIL
*INVESTIGADORA DE EL COLMEX  
ORBE@ELHERALDODEMEXICO.COM


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