Misterio en su casa

Justo en ello acabó el escándalo de la detención en Estados Unidos del ex titular de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Misterio en su casa
Alejandro Poiré / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México: Especial

No me refiero a la serie británica de suspenso que veía yo de niño en Canal 13, pero el título es propicio para la reflexión de esta semana. Porque justo en ello acabó el escándalo de la detención en Estados Unidos del ex titular de la Secretaría de la Defensa Nacional. En una vuelta de tuerca inverosímil, la combinación del reclamo mexicano con lo que seguramente fue una presión enorme de parte de actores de inteligencia civil y militar estadounidenses preocupados por la relación bilateral, y la inminente salida del fiscal Barr de su actual cargo ante el triunfo de Joe Biden, el Departamento de Justicia desistió de las acusaciones contra el general Salvador Cienfuegos.

El misterio ahora se ahonda, solo que su posible esclarecimiento se desarrollará de este lado de la frontera, en nuestra casa. La primera incógnita es desde luego si el imputado es realmente culpable de las acusaciones, que han sido descalificadas por muchos como increíbles. Es común pensar que un fiscal estadounidense difícilmente se arriesgaría a una acusación fallida de este perfil. Sabemos también que se presentó ante el juez lo que presumiblemente era mucha evidencia incriminatoria; pero dado el desistimiento, ahora la respuesta queda en manos de la fiscalía mexicana. Deje usted que quizá la evidencia hasta ahora disponible no se pueda utilizar formalmente, ¿creemos que nuestra fiscalía está en una buena posición para resolver este cuestionamiento con certeza y confiabilidad? 

En ello radica el segundo misterio. La Fiscalía General de la República enfrenta un reto mayúsculo para su credibilidad. Su desempeño en otros casos de alto impacto político ha sido sistemáticamente cuestionado, y aún en circunstancias idóneas, la complejidad política y jurisdiccional del caso Cienfuegos requeriría de un manejo procesal impecable y una estrategia de comunicación impoluta para siquiera salvar cara -sea cual sea el resultado del proceso. 

Un tercer misterio a resolver es qué efecto tendrá el caso en la imagen de las fuerzas armadas, pilar operativo y político del gobierno actual. Ya hay algunas claves: según Alejandro Moreno (El Financiero), la confianza de la población en el ejército ha sufrido una caída de 11% por el episodio, aunque sigue siendo alta 62% (y había crecido en el sexenio actual); pero al evaluar el arresto del general Cienfuegos, un 74% de la gente opina que será dañino para la imagen del ejército. Respecto a la expectativa de la población sobre el manejo del caso, según una encuesta de Reforma, un 77% de la población piensa que el general Cienfuegos es culpable, pero un 73% piensa que la investigación en México será simulada. 

Lo que parece que no es misterio es que, a pesar de los pesares, AMLO se seguirá apoyando en el ejército como desde el primer día de su mandato: cada vez un poco más. Después de una primera reacción predeciblemente superficial y polarizante, en la que aseguró que la detención era “muestra inequívoca de la descomposición del régimen”, y quizá alertado por la gravedad de las implicaciones en materia de seguridad nacional, ha intentado distinguir a la institución castrense de las imputaciones al exsecretario, y su gobierno logró el desistimiento estadounidense en el caso.

Con todas estas interrogantes se abre un nuevo episodio en este bizarro proceso, solo parcialmente comprensible desde una lógica de extraordinaria desconfianza de la fiscalía trumpista con las contrapartes mexicanas. Será muy difícil un esclarecimiento satisfactorio del caso; por lo pronto el daño a la relación bilateral, a la credibilidad del ejército, a la que vendrá de la fiscalía, y por consiguiente al propio gobierno actual, se antoja inevitable. 

POR ALEJANDRO POIRÉ
DECANO CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY
@ALEJANDROPOIRE


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