COLUMNA INVITADA

Prohibición de alimentos y bebidas a menores

El bien a preservar es sin duda la salud, pero también es importante salvaguardar los derechos de los niños

OPINIÓN

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Vanessa Rubio/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

¿Es importante tener información fidedigna sobre lo que comemos? Sí. Es esencial para poder dirimir sobre cómo nos alimentamos, la calidad, las porciones, las combinaciones. Se trata de datos fundamentales para equilibrar y cuidar nuestra salud. ¿Corresponde al estado legislar y regular dicha información? Sí. Basado en ciencia irrefutable y en la experiencia y estándares internacionales. La información nutricional desglosa datos sobre niveles de azúcares, grasas, calorías y sodio, entre otros. Y los nuevos etiquetados simplifican esta información, haciéndola más sencilla, pero dejando fuera de la ley (está ahora sólo en la Norma Oficial), datos detallados para comparar y medir mejor; y establecen umbrales discrecionales a partir de los cuales se detonan alarmas para el consumidor. Los resultados a nivel internacional de este tipo de alertas, a diferencia de los de la información nutrimental más precisa, arrojan resultados mixtos y no concluyentes. En México se tomó la decisión de avanzar con este nuevo etiquetado y habrá de verse en unos años, si fue efectivo o no en disminuir los niveles de obesidad y trastornos subsecuentes como la diabetes y la hipertensión. Pero paralelamente a la instrumentación de estas medidas, existe una tendencia altamente preocupante que ha cobrado impulso a nivel local. Dos estados a la fecha, Oaxaca y Tabasco, han aprobado leyes para prohibir a menores de edad el consumo de alimentos con alto contenido calórico y alto contenido de azúcares. Esa no es política pública óptima. El bien a preservar es sin duda la salud, pero también es importante salvaguardar los derechos de las niñas y los niños, y de sus padres a tener información de calidad para poder elegir y generar conciencia. Se pueden prohibir los alimentos industrializados, pero van a seguirse consumiendo las gorditas refritas, las tortas de tamal, y las aguas de sabor altamente endulzadas. Lo que se requiere es educación para una alimentación sana y equilibrada combinada con ejercicio, no prohibirle a un niño comprar un chocolate o una gaseosa. Y más grave aún, lo que se está haciendo en la práctica con estas medidas, es bajar la barrera de entrada de niños y jóvenes al contacto con la actividad criminal. Cualquier persona de 18 años va a poder fungir como intermediario ilegal para comprarle estos productos a los menores a cambio de cuotas o peor aún, de vincularlos con actividades criminales verdaderamente graves. La ley le permitirá a un joven de 17 años manejar ¿pero le va a prohibir comprar un dulce en una tiendita? Toda prohibición ha mostrado ser ineficaz y conlleva a mercados secundarios informales que acaban acercado a los consumidores a actividades criminales. Aún estamos a tiempo de que los precedentes de prohibición no se extiendan en el país. Educar, concientizar y hacer políticas públicas eficaces es la solución.

 

POR VANESSA RUBIO
COLABORADORA
@VRUBIOMARQUEZ