“Un fanatismo muy especial”

A diferencia del Jefe del Ejecutivo, que, a pesar de decirse de izquierda, recurre a La Biblia y al Papa cuando quiere imponer autoridad moral para avalar sus propios juicios

“Un fanatismo muy especial”
Fernando Herrera/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Amigo de hablar de Mussolini y Goebbels, el presidente López Obrador acreditó a un sector de sus críticos un “fanatismo muy especial pues está en la historia, es Hitler, es Franco, es Pinochet”.  Por respeto a la investidura –aunque la cuelgue en el perchero del montaje mañanero-, ni diré que se trata del burro hablando de orejas, pero sí afirmo que se trata del fariseo criticando la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en los suyos.

A diferencia del Jefe del Ejecutivo, que, a pesar de decirse de izquierda, recurre a La Biblia y al Papa cuando quiere imponer autoridad moral para avalar sus propios juicios, yo voy a citar en extenso a un marxista muy reconocido, un filósofo de la Escuela de Frankfurt, Theodor W. Adorno, para demostrar que quien realiza prácticas fascistas es el presidente. Al lector corresponde ajustar lo escrito –hace unos 65 años- con los hechos concretos y cotidianos del gobierno “de la transformación”.

Adorno destaca cuatro características del fascismo.

Primera: su propaganda es personalizada, esencialmente no objetiva. Los agitadores invierten gran parte de su tiempo en hablar de sí mismos o de su público. Se presentan como lobos solitarios, como saludables ciudadanos con sanos instintos, como personas fiables, altruistas, infatigables… representan a sus públicos como verdaderos cristianos, pobres pero honrados, con sentido común, aunque no intelectuales. Se identifican con su público exaltando su propia capacidad de ser modestos, hombres corrientes y, al mismo tiempo, líderes de excepcional calibre… otro esquema de personalización predilecto consiste en insistir reiteradamente en sus modestas necesidades financieras.

Segunda: Todos estos demagogos sustituyen los fines con los medios. Predican acerca de “ese gran movimiento” de su organización, del renacer general de la nación que ellos están a punto de provocar, pero muy rara vez dicen algo que permita suponer a dónde lleva su movimiento.

Tercera: Puesto que todo el énfasis se pone en promover los medios, es la propaganda misma la que constituye el contenido. En otras palabras, la propaganda funciona como una forma de satisfacción del deseo. Esta es una de las pautas más importantes. Las seguidores sienten que pertenecen a un grupo privilegiado… el totalitarismo considera a las masas no como seres humanos autónomos, sino como simples objetos de medidas administrativas, a quienes hay que enseñar, por encima de todo, a ser humildes y obedecer las órdenes del líder.

Cuarta: una de las características intrínsecas del ritual fascista es la insinuación. Parece probable que la insinuación se utilice y disfrute como una gratificación en sí. Por ejemplo, el agitador dice “esas fuerzas oscuras” “ustedes saben a quienes me refiero. Los oyentes son tratados como un grupo de enterados, que ya saben lo que el orador desea contarles y que están de acuerdo con él, antes de recibir ninguna explicación.

Se podría seguir enumerando muchas otras características, pero creo que bastan las citadas para que el lector se haga una idea muy precisa sobre dónde están los fascistas: en el poder.

 

POR FERNANDO HERRERA
VOCERO DEL PAN
@FHERRERAAVILA


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