Terremoto

Si no puedes confiar en el jefe de las Fuerzas Armadas de un país, entonces no puedes confiar en nadie

Terremoto
EZRA SHABOT / LÍNEA DIRECTA / OPINIÓN EL HERALDO DE MÉXICO.

La acusación por narcotráfico y delincuencia organizada en contra del exsecretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos Zepeda, por parte de la DEA, rompe de tajo la relación existente entre los servicios de inteligencia norteamericanos y los de nuestro país. 

Identificar a una instancia de gobierno tan alta involucrada con el crimen, necesariamente implica su vinculación con las esferas más altas del gobierno en turno.

El único antecedente cercano es la detención del entonces zar antidrogas Jesús Gutiérrez Rebollo, en 1997, por su vinculación con el cártel de Amado Carrillo

Pero un jefe del Ejército como Cienfuegos, acusado de esos delitos, cimbra la estructura misma del Estado mexicano. 

La autonomía y libertad de acción para las Fuerzas Armadas ha sido siempre la moneda de cambio para garantizar su lealtad a las instituciones políticas del país. 

De hecho, durante el actual gobierno, se convirtieron en el sector privilegiado que ha obtenido los mejores contratos y presupuestos de la administración pública.

Por eso es que Andrés Manuel López Obrador no puede festejar la detención de Cienfuegos como lo hizo con la de García Luna

La acusación estadounidense no es contra un funcionario o una administración específica, se trata de una denuncia contra el Estado mexicano infiltrado por organizaciones criminales con gran capacidad de movilización económica e incluso armada. 

Por supuesto que falta por ver si los cargos por los que se acusa a Cienfuegos, y al propio García Luna, son suficientes como para determinar su responsabilidad en la comisión de los delitos imputados. 

A pesar de esto, queda claro que la posibilidad de compartir información de inteligencia entre México y Estados Unidos se va a limitar de manera extraordinaria. Si no puedes confiar en el jefe de las Fuerzas Armadas de un país, prácticamente no puedes confiar en nadie.

Esto se agrava cuando, a diferencia de otras dependencias, en la Defensa Nacional es imposible destituir funcionarios y nombrar nuevos, ya que existe una jerarquía militar que lo impide. Hacerlo podría generar rebeliones que no hemos visto desde las épocas de Saturnino Cedillo, en 1938. 

Esto significa un verdadero terremoto institucional al interior del Estado mexicano, precisamente en el momento en que el Ejército ha conseguido la mayor cantidad de recursos y poder desde los tiempos de la revolución armada. 

A unos días de la elección en Estados Unidos, México enfrenta su peor crisis de confianza en las relaciones con ese país, mientras que, internamente, se debate en el papel que jugarán las Fuerzas Armadas en la política nacional en los próximos años y su presunta vinculación con la corrupción, el narcotráfico y el crimen organizado. Tiempos difíciles.

Por EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM
@EZSHABOT


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