Correr por la libertad de género

Existen grandes atletas africanas que en cada zancada buscan avanzar en la igualdad, el respeto y la independencia que se merecen

Correr por la libertad de género
Rossana Ayala/ Pasión por correr/ Opinión El Heraldo de México

En tres años que tengo de escribir cada semana en El Heraldo de México sobre esta siempre intensa pasión por correr, he contado muchas historias sobre las motivaciones que nos mueven a los corredores: desde la sensación de libertad, la salud y la estabilidad emocional que muchos amateurs buscamos en las pistas y caminos, hasta la búsqueda de récords, premios y medallas de los atletas profesionales. 

Pero la historia que hoy quiero contarles habla de mujeres que, cuando corren, están luchando por defender sus derechos de género y en contra del machismo, por lo que en cada zancada buscan avanzar en la igualdad, el respeto y la independencia que se merecen.

Me refiero a las grandes atletas keniatas y etíopes que, a fuerza de perseverancia, entrenamiento y constancia, se han ganado no sólo el reconocimiento internacional como las reinas de los maratones, sino que en su país, en la sociedad machista y misógina que prevalece en estos países africanos, ellas han roto estereotipos y han demostrado, con su capacidad y fuerza en las pistas, que las mujeres tienen las mismas capacidades que los hombres y que, por lo tanto, tienen también los mismos derechos y pueden ser independientes, autosuficientes, porque no sólo sirven para las labores del hogar. 

Los éxitos que consiguen estas atletas están cambiando, poco a poco, el panorama socioeconómico y cultural; los hombres se quedan en casa, mientras las mujeres aportan el sustento de la familia. Algunas de estas grandes historias y testimonios, como los de Florence Kiplagat y Agnes Kiprop, los podemos conocer en el magnífico documental 01:05:12. Una carrera de fondo, de los periodistas españoles Javier Triana y Rubén San Bruno, y que fue financiado por Bill and Melinda Gates Foundation

El documental muestra cómo el atletismo es la llave que abre las puertas del mundo a estas mujeres que viajan, conocen gente nueva, compran con su propio dinero sus casas, ganado, además de que algunas invierten en su propio pueblo, en desarrollar el atletismo, lo cual atrae a corredores extranjeros que quieren aprender de ellas y entrenar.

Otra inspiradora historia es la de la keniata Brigid Kosgei. Nacida cerca de Iten, dejó sus estudios a los 17 años porque sus padres ya no podían pagar la escuela y no tuvo otra opción que casarse y dedicarse al atletismo. Tuvo gemelos a los 18 años y comenzó a entrenar junto con su marido, Matthew Kosgei; ahora la keniata, a sus 26 años, es la dueña del récord mundial de maratón, lo logró en Chicago en 2019, con 2:14:04. También es imagen de Nike en varias campañas y, sobre todo, es una referencia y ejemplo para miles de mujeres en su país y en el mundo entero.

En una entrevista cuenta que cuando empezó a ganar competencias decidió abandonar su casa en Iten, para irse a uno de los centros de entrenamiento en las alturas del valle del Rift y sus hijos se quedaron con su esposo. “Es la parte más dura de todo esto, pero quiero que ellos terminen su educación y para eso necesitan quedarse en la ciudad. Una vez a la semana puedo visitarlos y cada día los llamo. La verdad es que me entristezco si paso un día sin hablar con ellos y a ellos también les cuesta a veces, pero sé que esto es lo mejor para su futuro”.

Como el esposo de Kosgei, algunos hombres han sabido ver y respetar el potencial de sus parejas y participan del éxito de sus esposas, apoyándolas en los entrenamientos, haciéndose cargo de las labores domésticas y favoreciendo para que ellas puedan descansar y recuperarse. Sin embargo, hay quienes todavía se resisten al cambio, pues en el documental  01:05:12. Una carrera de fondo, la atleta Agnes Kiprop cuenta que se divorció cuando su marido le dijo que iba a comprarse una 4x4 y otras cosas más para él; entonces ella le preguntó que con qué dinero.

Hoy las atletas africanas están abriendo caminos, corren por su independencia, y aunado a la educación, el resultado será la emancipación y la igualdad en un país machista, en el que la vida de una mujer es muy dura. Al final, todos en la comunidad se benefician de estas enormes, valiosas y valientes zancadas a la libertad de género.

POR ROSSANA AYALA
AYALA.ROSS@GMAIL.COM
@AYALAROSS1


Compartir