CÚPULA

El ruiseñor

Variadas han sido las alusiones a esta ave en la literatura, desde Shakespeare, Wordsworth y Coleridge, hasta llegar a Keats

CULTURA

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CARMEN PARRA. 'Serie Aves. Ruiseñor', 2020. Acuarela y lápiz sobre papel. Cortesía: Carmen Parra.

Jamás he visto un ruiseñor. Rectifico: lo he visto disecado en algún museo ornitológico; es un ave pequeña e insignificante de apenas 15 centímetros, un poco más grande que un canario, pero de plumaje anodino y mimético como el de una tórtola o un gorrión.  Si nunca lo he identificado visualmente la siguiente pregunta sería: ¿al menos lo has oído?  En ocasiones, cuando he estado en algún bosque frondoso en el campo, ya sea de mañana o antes del anochecer, he escuchado un dulce trino melódico y sostenido aventurando que tal vez esas notas podrían ser las de un ruiseñor por lo armonioso de su música. Pero nunca he tenido la certeza porque, según lo que yo creía, el ruiseñor cantaba o a la luz de la aurora o del crepúsculo. William Shakespeare me lo aclaró cuando, en la escena V del acto tercero, alude al ruiseñor en Romeo y Julieta. Ella se encuentra en la ventana y él en el jardín de Capuleto cuando se da el siguiente parlamento:

JULIETA

¿Ya quieres irte? Aún no es de día.

Era el ruiseñor y no la alondra

el que hirió el fondo temeroso de tu oído.

Canta todas las noches en aquel granado.

Créeme amor, era el ruiseñor 
 

"SERIE ROSTROS DE LA TERTULIA". Hernán Lara Zavala, 2011. Cibergrafía, impreso en tela con acabados en temple al huevo, a semejanza de los frescos del siglo XVI. Cortesía: Carmen Parra.

ROMEO

No, era la alondra 

heraldo de la aurora, no el ruiseñor. 

Mira amor

qué perversas franjas de luz ribetean 

las nubes que se rasgan

allá en el Oriente.  Se han extinguido 

los candiles de la noche y gozoso el día

se para de puntitas en las brumosas 

cimas de las montañas.

¡Preciso es que parta y viva o 

que me quede y muera! 

(Trad. Ma. Enriqueta González Padilla)

 

Resulta que la alondra (lark) es el ave que canta en la aurora y el ruiseñor durante la tarde y la noche. En ese momento la vida de Romeo corría peligro si acaso confundía al ruiseñor con la alondra.

En efecto, nunca he visto un ruiseñor, pero no por ello dejo de venerarlo. No podría identificarlo físicamente, aunque en términos literarios es el ave más cercana al corazón del ser humano pues simboliza la creatividad, la inspiración y el amor. Cuando Milton escribe sobre el ruiseñor en uno de sus sonetos, lo define como: “El ave que colma con renovadas esperanzas el corazón de los amantes”. El ruiseñor se ha erigido, a través de toda la literatura occidental, como símbolo del amor carnal y espiritual. Para Wordsworth y Coleridge, el ruiseñor representaba sencillamente la voz de la naturaleza. Casi me atrevería a afirmar que el ruiseñor es el ave más socorrida en la literatura inglesa. Coleridige se refiere a él como “el ave más musical y melancólica”, aunque admita que se le ve muy pocas veces entre las ramas “con sus ojos plenos y brillantes… temeroso de que una noche de abril le resulte insuficiente para expresar el canto de su amor y agotar su alma repleta de música”. Amo a esa ave a partir de su propio nombre, que en español evoca su melodía y su señorío, como en inglés night in gale la noche y el vendaval y en francés Oiseau moquer, como si se tratara de un pájaro burlón esencialmente solitario y escurridizo.

Variadas son las alusiones al ruiseñor en la literatura. Acaso el más emblemático y conocido de los poemas es el que compusiera John Keats, sublime entre los románticos ingleses y del cual me voy a permitir elaborar una paráfrasis:

“Una tarde de verano al identificar el canto del ruiseñor, el poeta entra en un estado de trance como si hubiera ingerido opio, cicuta o vino hasta las heces y le surge el anhelo de evadir las miserias del mundo para perderse en la espesura del bosque en compañía del ruiseñor que canta: desea huir de todos los males que nos aquejan en alas de la poesía. Keats entra en éxtasis y reflexiona sobre la muerte. En un momento de lucidez le aclara al ruiseñor: Pero tú no naciste para la muerte pájaro inmortal. El canto que yo escucho esta noche efímera la han oído antaño emperadores y vagabundos. Tal vez ese mismo cántico encontró su cauce en el corazón triste de Ruth cuando añorando su terruño los ojos se le anegaron de lágrimas en medio de ignotos sembradíos…[es] el mismo canto que a menudo ha abierto pasajes mágicos separando la espuma de mares procelosos en extrañas tierras distantes…”. Pero al mencionar la frase “tierras distantes” (“lands forlorn”) la palabra “distante” lo vuelve a la realidad y el ruiseñor escapa. El poeta culmina preguntándose: “¿Fue una visión o soñé despierto? La música ha huido, ¿Sueño o vivo?”.

Borges en el ensayo titulado “El ruiseñor de Keats” interpreta que el poeta “sintió su propia mortalidad y la contrastó con la tenue voz imperecedera del invisible pájaro”.

Por Hernán Lara Zavala y Carmen Parra

PAL