Instrucciones para no picarse los ojos en pandemia

El presente manual intenta evitar los numerosos accidentes que suceden en la cuarentena

Instrucciones para no picarse los ojos en pandemia
JULIO TORRES LARA. "El mundo" (Le monde). Julio Torres Lara, 2020.Tinta y collage sobre papel. Foto: Cortesía

"Hay escaleras para subir y escaleras para bajar."
Julio Cortázar.

Prólogo

Usted se dará cuenta muy pronto que sin el apoyo consecuente puede que termine picándose los ojos, y en la última fase de la pandemia picando los ojos de sus seres queridos, esto después de haber agotado todos los modos posibles de subir las escaleras, incluyendo el peligroso estilo de subir de espaldas que dicta Julio Cortázar en sus aleccionadoras instrucciones, y quizá también después de haberse atrevido a recorrer la casa sin pisar una sola línea divisoria entre azulejo y azulejo hasta hacerlo como un autómata a punto finalmente de picarse los ojos; y si usted es de los que han contabilizado cada uno de los puntos que constelan el techo y trazado uniones imaginarias entre ellos hasta encontrar la forma del vellocino de oro es porque no le queda otra manera de matar el tiempo que picándose los ojos, para éste y los demás casos señalados se ha escrito el presente manual que intenta evitar los numerosos accidentes que suelen darse durante la cuarentena.

Si usted inicia la lectura del presente vademécum con la cuarentena avanzada, se recomienda como medida preventiva leerlo con gafas puestas; si no las consigue, cúbrase los ojos con algún otro dispositivo pues en cualquier momento usted podría empezar a picarse los ojos y seguirse con los de los demás. De preferencia sujete el libro con ambas manos, y si nota que alguna lo ha soltado, cierre los ojos inmediatamente y no los abra si la mano no ha vuelto a su puesto.

Advertencia

No se confíe nunca, puede ser que en este momento esté pensando en picarse los ojos, sin conocer siquiera las 40 actividades que aquí se sugieren, si es este el caso y está a punto de picarse los ojos, vaya inmediatamente a la alacena y mójese los dedos con vinagre, retome esta lectura sin preocuparse, ningún loco se picarían los ojos con los dedos avinagrados. En caso de no haber vinagre en la cocina, se le recuerda que cada cúmulo de puntos esconde un vellocino de oro, basta con mirar debajo de la mesa o el muro ciego para encontrarlo, búsquelo mientras se calma y vuelve a la lectura.

Con un solo clic al celular usted podría enterarse de la manera en que la enfermedad arrasa y aniquila por doquier. Foto: Cortesía

Primer día de pandemia

Si usted ha decidido finalmente quedarse en casa, eso no significa de ningún modo que ha logrado librarse de los peligros del mundo exterior. Todo lo contrario, ahora goza de mayor tiempo para enterarse de los acontecimientos diarios; y aunque ni siquiera lo sospeche, leer las noticias sobre el avance de la epidemia podría implicar un gran riesgo para su salud. Con un solo clic al celular usted podría enterarse de la manera en que la enfermedad arrasa y aniquila por doquier.

Segundo día de pandemia

Ha quedado claro que por ningún motivo debes asomarte al teléfono móvil. Sin embargo, sin la distracción del celular, comenzarás a desarrollar muy pronto los síntomas del encierro, uno de ellos son los clásicos estratagemas para matar el tiempo, como lo es llamar a algún amigo y alargar lo más que se pueda la conversación, primero haciendo las preguntas obligadas, enseguida los comentarios de circunstancia y, al final, cuando parece que se han agotado los temas, te esfuerzas en que no se dé cuenta de que estás haciendo preguntas absolutamente insignificantes, tal vez sobre qué habrá sido del compañero que asistía con ustedes a la clase de matemáticas y soñaba con ser astronauta, ¿lo habrá conseguido?, y ahora le preguntas dónde compró ese suéter rojo que llevó hace 20 años a la fiesta de 15 de Fanny y cuál fue su paradero.

Huy, qué mala pregunta, qué pena, pudiste haber preguntado algo menos insignificante que no te evidenciara, como si en cuarentena se pinta las uñas, y entonces ella te diría que ya se le había olvidado que la gente solía pintarse las uñas, pero con esa pregunta demasiado absurda –¡un suéter de hace 20 años!– te han descubierto. Ya sabe que la estás usando para matar el tiempo y no está dispuesta a responderte ahora de qué murió el perrito del vecino que solía meterse en la casa cuando las dos eran unas adolescentes y vivían en la colonia Americana. Te pudo haber respondido: “Qué sé yo de qué murió el puto perro, y no permitiré que me uses para sobrellevar tu pinche encierro”, pero una verdadera amiga no respondería así, simplemente Emil te ha colgado el teléfono.

Y en este momento, en este instante en que te das cuenta que estás perdiendo a tus verdaderas amigas, surgen unas ganas irrefrenables de picarte los ojos, porque ayer tampoco funcionó que llamaras a Adela con una estrategia diferente, comenzaste por contarle cada movimiento del día, pasando por los detalles del sueño y la comida, donde has descubierto que el azafrán combina muy bien con la crema de papa y qué buena noticia que hoy por la mañana has encontrado el rompecabezas que estaba olvidado pero que antes de comenzarlo querías llamarla y mira, sin notarlo se ha ido el día entero, será mejor mañana lo del rompecabezas... cuando Adela descubrió que te habías pasado de lista, que estuviste haciendo un repaso puntual de lo que habías hecho durante el día sin preocuparte si quiera por preguntar algo de ella, te colgó con el reclamo de usarla para perder el tiempo sin interesarte en ella.

No te pesó perder a Adela tanto como te lamentabas haber sido una bruta al no haber fingido un poco de interés, fue así como pensaste cambiar de táctica: llamarías a Emil hoy y en vez de contar los detalles de tu vida le harías preguntas, a quién no le gusta que le pregunten qué hace y cómo está, harías todas las preguntas posibles. Sí, también la del suéter rojo que te delataría. Y ahora te arrepientes, has perdido a tus dos mejores amigas y estás a punto de picarte los ojos, uno por cada amiga. No lo hagas. Este manual ha sido creado para los momentos en que te has quedado sola, no dejes de leer la siguiente actividad.

Continuará...

Por Miguel Ángel Maldonado


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