El flamenco tiene a dios si te tiene a ti

Cuando conoces al duende te entregas a él, como un amor donde no cuestionas, donde no sacas cuentas, es pasión que arrebata

El flamenco tiene a dios si te tiene a ti
INICIOS: Se desarrolló en Andalucía, especialmente en Sevilla, Cádiz y Jerez de la Frontera. Foto: Cortesía

El flamenco es dejar que el duende susurre y te dicte, que silencie tu mente y te posea de adentro hacia fuera, que baile tu alma y se refleje en tu cuerpo, en tu cara, en tu mirada, en tu pelo. Es tu máxima expresión de sentir. Duende que enmudece voces y enciende vida, que apaga dudas y apuesta por la existencia; que no pregunta; llega sin pedir permiso –sólo vive– no sabe no hacerlo.

Cuando conoces al duende te entregas a él, como un amor donde no cuestionas, donde no sacas cuentas, es pasión que arrebata. Dejar que viva en ti y sentir su existir es de los mayores placeres que podrás experimentar. Hace vibrar cada célula, hace vibrar el alma, te calla la mente y te somete a vivir en el presente. Su compás, sus tiempos y entre tiempos, son sólo partituras donde él se esconde; y cuando lo conoces, te fundes en ese momento donde… el que baila daría todo para que fuera eterno.

Taconeo sin voz

Entra, se mete, se acomoda, y se nota. Se nota cuando tienes el duende del que todos hablan; las palmas se tocan solas y lo acompañan: pues vive al mismo tiempo también en los demás. En aquellos que con plantas, metatarsos y taconeo gritan sin voz, que vive en ellos y vale la pena prestar atención.

EXPRESIONES. Paola Albarrán. Cortesía: de la autora.

El flamenco tiene aire, te hace respirar. Tiene sonido, tiene guitarra, tiene voz, tiene cajón, tiene historias, tiene alma. Y hace resonar lo que pasa en ti. Lo interesante es que no es algo ajeno, eres tu mismo. Eres tú cuando silencias tu mente y dejas que un compás acomode todo diferente. Eres tú cuando todo lo que callas lo dejas salir en ese canto hondo que a veces desgarra el alma, pero que, sin duda, sana. Eres tú cuando las manos alcanzan los recuerdos más hundidos, los sueños no alcanzados, que dibujan flores y adornan cada paso con arrebatada feminidad; eres tú cuando contactas contigo, cuando te escuchas a ti, eres tú en tu esencia y ese encuentro se llama magia, se llama vida.

Es arrebatado, es fuerte, es amor en bandeja para quien lo sabe apreciar. Es delicado y celoso, hay que entender su lenguaje para saber amarlo de verdad. El flamenco tiene una escalera directo al cielo; el flamenco es rezar con el cuerpo.

Por Paola Albarrán

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