Columna Invitada

Reinventando el amor en San Valentín

Hoy, 14 de febrero, es un buen día para celebrar más allá de lo que el consumo y el marketing dictan; por ejemplo, podríamos pensar y repensar el amor o la complejidad de las relaciones humanas, incluso la forma en que deseamos ser amados. En suma, ¿cómo podemos hacer de este día una oportunidad

Reinventando el amor en San Valentín
Pablo Dominguez / Columna invitada / Opinión El Heraldo de México Foto: El Heraldo de México

Cada 14 de febrero se despierta una gama de emociones que son distintas para cada quien, pueden ir desde el amor romántico idealizado hasta la nostalgia. Para unos, es un día de celebración, de reafirmación del vínculo con el otro; para otros, una fecha que resalta ausencias, heridas o el desencanto de un amor que alguna vez se idealizó. Pero más allá del mercantilismo que rodea esta fecha, San Valentín puede ser una oportunidad para repensar el amor en todas sus formas, tanto el amor propio como el amor hacia el otro.

El amor, en cualquiera de sus manifestaciones, no es una entidad estática. Las relaciones se construyen, se deconstruyen y, aunque no lo parezca, están en constante transformaciones. Hay quienes creen que el amor es un estado que se alcanza y se mantiene por sí mismo, pero lo cierto es que es una práctica constante, un tejido que se fortalece con el paso del tiempo y el esfuerzo mutuo. En este sentido, el 14 de febrero no tiene por qué ser solo un recordatorio de lo que se tiene o se ha perdido, sino un momento para preguntarnos: ¿cómo podemos hacer de este día una oportunidad para reforzar nuestras relaciones?

La respuesta no está en los regalos, en los gestos efímeros ni en la expectativa de una demostración pública de afecto. Más bien, radica en la posibilidad de mirar con honestidad la relación que tenemos con el otro y con nosotros mismos. Amar no es solo disfrutar los momentos felices; también implica estar dispuesto a enfrentar los conflictos, a cuestionarse, a reconstruir lo que con el tiempo pudo haber cambiado.

En terapia, es común ver parejas que llegan en busca de recuperar la conexión que sienten desdibujada. Muchas veces, la raíz del problema no está en la falta de amor, sino en la falta de espacios para el diálogo, en la acumulación de palabras no dichas y en algunos casos de gestos ignorados. Transformar una relación no siempre significa empezar de nuevo, sino revisar qué se ha descuidado y trabajar sobre ello.

Por otro lado, está el amor propio. Un concepto que, aunque popularizado, sigue siendo difícil de comprender en su totalidad. No se trata de un amor narcisista ni de una autosuficiencia que niegue la necesidad del otro. Es más bien la posibilidad de reconocerse con sus fortalezas y sus limitaciones, de entenderse como alguien digno de amor sin depender exclusivamente de la mirada ajena.

Si algo nos ofrece este día, más allá del consumo y las expectativas, es la oportunidad de preguntarnos cómo amamos y cómo queremos ser amados. Si podemos hacer de esta fecha un momento de reflexión, quizás encontremos en el amor algo más que un sentimiento pasajero: una práctica, una construcción y, sobre todo, una elección.

POR PABLO DOMÍNGUEZ PERERA
PSICÓLOGO PSICOANALISTA
PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE EGRESADOS DE PSICOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA
X: @PABLODMINGZ

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