Mirando al otro lado

OTAN y la inevitable definición de México

La Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN) se reunió la semana pasada

OTAN y la inevitable definición de México
Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México Foto: Especial

La Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN) se reunió la semana pasada y sus acuerdos obligarán a México a decidir de qué lado del tablero mundial debe estar. El objeto de la discusión en la reunión de la OTAN era la defensa de Ucrania.

Pero el fondo de su discusión giraba sobre el posicionamiento de las democracias liberales occidentales ante el bloque de países con regímenes de corte autoritario y populista, encabezados por China y, secundariamente, por Rusia, incluyendo a Corea del Norte, Irán, Belarús, Cuba, Nicaragua, Venezuela, entre otros.

La reunión, realizada en Washington, tuvo como elemento mediático ruidoso los cuestionamientos a la candidatura de Biden a la Presidencia de los Estados Unidos, debido a su avanzada edad y una falta de acuciosidad mental. Sin embargo, lo sustancial de la reunión no era sobre de Biden, sino sobre lo que los 32 países integrantes de la alianza acordaron ante su relación geopolítica con el bloque de regímenes autocráticos y/o dictatoriales del llamado “bloque anti liberal”.

El tema central del encuentro era la definición del colectivo de países frente a la guerra que Rusia desató contra Ucrania. Se consideró que la invasión no-provocada e ilegal de Rusia a Ucrania debía ser rechazada sin titubeo alguno. Defienden  las relaciones entre Estados a partir del respeto a las leyes internacionales, especialmente al respeto a la integridad territorial de las naciones y la búsqueda del diálogo para la resolución de las controversias entre naciones.

Las naciones que respeten irrestrictamente esas reglas de conducta pueden considerarse naciones que se basan en las normas y leyes internacionales. Y las naciones que no respetan esas leyes de conducta, y que transgreden los derechos de la soberanía de otras naciones, no pueden ser consideradas como regímenes basados en el Estado de derecho internacional. Es la línea divisoria entre democracias y autoritarismos y/o populismos.

Rusia ha justificado su invasión a Ucrania afirmando que es un régimen de inspiración “Nazi”, a pesar de que, irónicamente, es de los pocos países del mundo con un mandatario de orígen judío (Israel, Argentina y México son los otros). La otra justificación rusa ha sido que Ucrania supuestamente quería incorporarse a la OTAN, lo que para Rusia significaba tener el enemigo acantonado sobre su frontera.

En algún momento antes de la invasión, Zelensky, el Presidente de Ucrania, afirmó que no promovería esa integración, para mantener la neutralidad ucraniana entre Este y Oeste. A pesar de esa oferta de paz, Putin invadió Ucrania, y se desató la guerra.

Ahora es una guerra directa entre democracias y autocracias. En este contexto, y después de más de dos años de guerra cruenta, la reunión de la OTAN en Washington declaró que el ingreso de Ucrania a su organización es “irreversible”. En consecuencia, la OTAN compromete sus armas y dinero para lograr el objetivo final de la guerra: la derrota militar, política y económica de la Rusia de Putin. Sin decirlo así, pero infiriendo,

Occidente le declaró la guerra a Rusia. Junto con esa declaración de abierta y clara enemistad con Rusia, la OTAN también declaró que China es el principal sostén y apoyo material, económico y político a la máquina de guerra rusa en su invasión a Ucrania. En consecuencia, todos los países integrantes de la OTAN abren un nuevo frente de hostilidad contra China, por su complicidad con la guerra de su aliado “incondicional” ruso.

La reunión en Washington declaró la confrontación global con Rusia, China y aliados. ¿Qué significa para México la elevación de las hostilidades globales entre Occidente y Oriente? Tiene muchos impactos, en muchos terrenos, para México, tanto económicos, políticos, militares y en materia de seguridad nacional.

Empecemos por el más reciente acontecimiento. Estados Unidos obligó a México a frenar el paso de acero y aluminio chino al vecino, aprovechando subrepticiamente las ventajas del T-MEC y evadir los impuestos a productos que Washington le impone a China.

López Obrador lo quiso presentar como una “victoria” mexicana, al no mencionar el nombre de China. La realidad es que Washington le dobló la mano a México, porque AMLO había permitido esa travesura de mandar acero y aluminio de China a Estados Unidos fingiendo que eran productos mexicanos. México ha sido aliado de China en contra de Estados Unidos en materia comercial.

El siguiente paso es la imposición de altos impuestos a los vehículos eléctricos chinos que quieren importar a Estados Unidos a través de la frontera mexicana y la limitación a la importación de refacciones. Por lo pronto, se pretende impedir la instalación de plantas para construir vehículos chinos en México. A esto se agrega la imposición de restricciones a utilizar equipo chino para las aduanas mexicanas en la frontera norte.

Seamos claros: en tiempos cuando los conflictos globales entre potencias se agudizan, no es posible fingir amistades. Si eres amigo de uno, no eres amigo del otro. Puedes mantener relaciones diplomáticas con todos, pero no puedes ser aliado comercial de uno y aliado político del otro. Eso no existe.

El ejército mexicano es integrante del Comando Norte, junto con Estados Unidos y Canadá. Ahí comparte inteligencia sensible sobre temas militares, económicos, de espionaje y de preparativos para acciones de contención contra fuerzas enemigas. Los estadounidenses exigieron a su contraparte mexicana que dejara de comprar refacciones para sus helicópteros rusos.

El ejército mexicano aceptó esa condición, lo cual significa alejar a México de las influencias rusas en materia militar. Y acerca a las Fuerzas Armadas a depender de armas occidentales: de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia y España.

Mientras México le permite a Rusia tener su estación de espionaje más grande del mundo en nuestro país, al mismo tiempo que expulsa a la DEA y limita a la CIA, habrá dudas serias sobre la confiabilidad de México como aliado de Occidente.

Sobre este punto, la duda existencial es si el esfuerzo corruptor de AMLO hacia el alto mando del Ejército mexicano logrará que se desvíe del camino de su relación con el Comando Norte, para asociarse más con los rusos y chinos. Es obvia la preferencia de López Obrador por los rusos y los chinos, como aliados estratégicos. Lo que sucede es que su preferencia es ideológica, pero va en contra de la realidad política, económica y social de México.

Existe presión para que México limite sus relaciones comerciales con China y Rusia de una manera más concertada. Una expresión de la presión creciente es la clausura de los centros comerciales pertenecientes a chinos en el centro de la Ciudad de México.

El pretexto es la protección civil, pero la explicación política es la creciente presión sobre el gobierno de México para que se defina de qué lado está. ¿Con Occidente o con Oriente?

¿Cerrar, o no, el influjo de negocios chinos a México? esa es la pregunta. Ante la declaración de endurecimiento de la OTAN en Washington, el espacio para coquetear con ambos lados del tablero mundial se reduce notoriamente. México puede mantener relaciones diplomáticas con quien quiera, pero no puede ser aliado de quien quiera. Al ampliarse los terrenos de conflicto entre bloques-económico, político. militar, de seguridad nacional y de inteligencia-el gobierno de Morena tendrá que definir exactamente de qué lado está el interés mayor de México, y actuar en consecuencia.

POR RICARDO PASCOE

COLABORADOR

ricardopascoe@hotmail.com

@rpascoep

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