COLUMNA INVITADA

Ser policía (contra todo y a pesar de todo)

Que las policías en el mundo no gocen de buen crédito, no implica la inexistencia de historias extraordinarias, personas comprometidas, congruentes y valientes

OPINIÓN

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Manelich Castilla / Colaborador / Opinión El Heraldo de México Créditos: Especial

A las y los policías que laboran con la convicción del primer día.

“Si quieres destrozar el sueño de alguien, primero deja que vuele su ilusión”, leí en alguna parte. Sentencia tal aplica a miles de hombres y mujeres que, con la convicción de servir a una de las causas más nobles de la administración pública, la seguridad, enfrentan la incertidumbre sobre el destino al que llevará su entrega cotidiana.

Que las policías en el mundo no gocen de buen crédito, salvo excepciones, no implica la inexistencia de historias extraordinarias, personas comprometidas, congruentes, valientes y con alto sentido del deber al interior de las corporaciones.

Cotidianamente la policía es vapuleada en la prensa, en los análisis sobre inseguridad y violencia propios de la academia y sobremesa, pero es invocada cuando hay problemas que requieren inmediata atención.

Al policía se le quiere lejos excepto cuando se le necesita. Muy temprano éste lo comprende, no sin cierta resignación.

La función policial vive asediada por sus detractores, entre ellos, para infortunio de la causa, algunos detentadores del poder.

Se ha normalizado menospreciar a personas honorables, al repetir con ligereza que el modelo civil es corrupto y que únicamente las Fuerzas Armadas garantizan ética al proteger y servir.

¿Qué le depara a un país asolado por una delincuencia organizada que encuentra eco para vengarse de quienes la han perseguido?

Y es que a pesar de la crítica al pasado policial de México, en los hechos, es por grandes policías que hoy delincuentes de la talla de Joaquín Guzmán Loera El Chapo, Servando Gómez Martínez La Tuta, o Edgar Valdez Villareal La Barbie, por citar tres casos entre decenas, se encuentren actualmente presos.

Con la llegada del nuevo milenio, la investigación de delitos pasó de ser únicamente vocación para tornarse profesión. Muchos de quienes se formaron en distintas especialidades para el trabajo policial se encuentran a la deriva y sin certeza en su proyecto profesional y de vida.

Pareciera que los buenos policías están destinados a no existir. La mala reputación alimentada desde distintos frentes opaca sus logros.

¿Debemos resignarnos a que un buen policía en el presente sea cuestionado, calumniado, encarcelado o asesinado en el futuro, ante la peor indiferencia, en contraste con los capos reivindicados a través de una perversa maquinaria mediática?

Criminalizar el trabajo policial por razones políticas es mala apuesta para México.

El invaluable apoyo de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública debiera servir para fortalecer capacidades en aras de cumplir el mandato constitucional que obliga a la rectoría civil de la función.

Nunca es tarde para rectificar. Hay policías de excelencia dispuestos —a pesar de todo— a retomar su responsabilidad en la búsqueda de un México en paz.

Ellas y ellos merecen no solamente respeto y gratitud, sino algo más importante: oportunidad de seguir mostrando de lo que son capaces.

POR MANELICH CASTILLA
COLABORADOR
@MANELICHCC

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