COLUMNA INVITADA

Dos fronteras dos visiones

En términos territoriales, en México contamos con dos espacios fronterizos, norte y sur, que al analizarlos vemos cómo se convierten en dos mundos con sus respectivos discursos. Ambos proyectan a una sociedad mexicana reflejada a partir de su relación con el otro

OPINIÓN

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Ignacio Anaya Minjarez / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

¿Qué es una frontera? Vaya pregunta aquella, pues intentar buscar una respuesta implica un recorrido tanto histórico como disciplinario. Para los antiguos griegos y romanos era la división entre los bárbaros y los civilizados. Durante la Edad Media significaba los límites de los pueblos bajo el dominio feudal. Posteriormente, los adelantos en la cartografía comenzaron a normalizar la presencia de fronteras en determinados espacios y dejarlo estampado en los archivos de la historia.

Con la llegada de los estados modernos, las divisiones territoriales se vieron reforzadas por los nacionalismos y las diferencias entre las partes comenzaron a quedar más claras. No obstante, pensar tal concepto en el siglo XXI obliga a visualizarlo desde una globalización que, según lo menciona el antropólogo Arjun Appadurai, va haciendo cada vez más pequeña la idea de la frontera delimitada.

En términos territoriales, en México contamos con dos espacios fronterizos, que al analizarlos vemos cómo se convierten en distintos mundos y discursos. Ambos proyectan a una sociedad mexicana reflejada a partir de su relación con el otro. Por un lado, la de allá “arriba” implica posicionarnos en un mar de visiones y perspectivas desde una posición de inferioridad ante Estados Unidos.

En ese sentido, somos víctimas del racismo que de ahí emana, por lo que con total validez lo denunciamos haciendo reclamos de justicia. Ante la otredad allí marcada, los mexicanos refuerzan sus propias identidades y encuentran protección en el nacionalismo.

También es un espacio de oportunidad para millones de mexicanos que buscan un mejor futuro, una nueva realidad más atractiva que la actual. Hace unos días con gran orgullo el gobierno mexicano presumía sobre las remesas. Es de suma importancia recalcar que en esta visión no entran los miles de migrantes de otros países que Estados Unidos regresa y deja a su suerte en nuestro territorio.

Las cosas cambian al momento de mirar la otra frontera, ahí vemos un espacio donde se hacen presentes ciertas actitudes y discursos que nos dan vergüenza o, mejor dicho, nos cuestan admitir. Si años atrás denunciábamos la creación de un muro entre México y Estados Unidos, ahora se celebra a la Guardia Nacional que reprime a los migrantes en el sur del territorio.

En ese momento nos convertimos en el victimario. Para ser un país que presume de siempre tener “las puertas abiertas”, la verdad es que tal discurso solo aplica cuando queremos nuestra estrellita en el panorama internacional. Desde el 2018 han llegado en gran escala distintos grupos de migrantes centroamericanos y caribeños en busca de una mejor realidad, pero la recepción al momento de entrar ha sido la misma: violencia. Para todas aquellas personas que tomaron la decisión de adentrarse a México por el sur, la frontera deja ver ese mundo que tanto nos avergüenza.

POR IGNACIO ANAYA MINJAREZ

@IGNACIOANAY

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