POLÍTICAMENTE CORRECTO

La enchilada completa

La cultura de la cancelación evita la concentración en los problemas de fondo

OPINIÓN

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Alejandro Echegaray / Campus / Opinión El Heraldo de México

Para la clicka woke, la emoción que generó el stunt de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez en la gala del Met fue opacada por la poca asistencia y falta de diversidad de los asistentes al evento insignia de la fatuidad neoyorkina. Al otro lado, en la costa del pacífico, un profesor de habilidades gerenciales de la escuela de negocios en la Universidad del Sur de California era substituido por mostrarle a sus alumnos el poder de los estribillos, siendo popular en China el “ne ga, ne ga”.  La ofendida comunidad estudiantil afroestadounidense canceló al insensible docente.

La ortodoxia progresista intenta silenciar voces que se desvían de la corrección política y suprime puntos de vista contrarios a sus consideraciones identitarias. Esto ha relegado al ostracismo social e intelectual a los contreras, ha limitado la libertad de cátedra y en general la libertad de expresión.

Se me ocurre que en estos tiempos de corrección política hubiera sido impensable la clase de Christopher Hitchens en la New School for Social Research que inspiró el manual Letters for a Young Contrarian. Pero aún más grave, además de promover el conformismo y emascular el debate intelectual, este nuevo culto aleja el foco de las verdaderas amenazas a las libertades y derechos individuales. Mientras AOC portaba un vestido que promocionaba la idea la tributación progresiva, las imágenes de la brutal persecución de haitianos en la frontera nos remontan a la era del Jim Crow: el apartheid estadounidense.

Tampoco debe pasar desapercibida la regresión conservadora que padece Texas con la habilitación de ciudadanos como vigilantes pro-life para desarticular clínicas en donde se practiquen abortos. Estos dos eventos hacen patente que el trumpismo está lejos de ser eliminado y es la más grande amenaza a la democracia estadounidense y su legado lockeano.

La “cancelación” es básicamente la remoción de alguien de la escena pública y no necesariamente es perniciosa per se ya que solo limita y atempera la influencia de ciertas ideas o personajes públicos. La cultura de la “cancelación” es nociva porque contribuye a la exclusión de los desprotegidos y marginados. La obsesión social con la cancelación ha hecho que descuidemos a nuestros vecinos más vulnerables, incluidos los migrantes. Y conforme se agrave la crisis climática, la migración hacia el norte tenderá a crecer.

La discusión pública tendría que centrarse en los problemas se fondo y la forma de solucionarlos. En el caso de la migración, además de promover un programa que  genere proyectos productivos en los países centroamericanos, el gobierno del presidente Biden podría –en aras de resolver la crisis- restablecer las medidas fronterizas y migratorias  que imperaban antes de los atentados del 11 de septiembre.

La policía fronteriza debe regresar a sus tareas de vigilancia y no de ejecución de la política migratoria. El cruzar la frontera sin documentos ha sido considerado históricamente un acto ilegal y no es deseable que cambie, pero se le podría dar el tratamiento  de una infracción civil y no necesariamente criminal. Las detenciones en la frontera deberían ser la excepción, no la regla, y ocurrir cuando haya una sospecha clara de que existe una amenaza a la seguridad pública.

El presidente Biden tiene la oportunidad de avanzar para garantizar la “enchilada completa” en materia migratoria desde una perspectiva liberal y que privilegie los derechos humanos e individuales.