MALOS MODOS

Los animales no van a consulta

Lorenzo Meyer, a final de cuentas, es congruente con el modo cuatroteísta de entender al pueblo bueno

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de México

Pues sí, Lorenzo Meyer estuvo a un octavo de rayita de calificar de bestias, literalmente, a quienes no participaron en la consulta del domingo, o sea 93 por ciento del padrón: 86 millones de personas. 

“No van a consulta porque no tienen conciencia que (sic) han sido explotados casi como animales durante siglos”, se dejó ir el doctor en el espacio de Carmen Aristegui, para sorpresa de moros y cristianos. Y pues no, ni los sieteporcientos –me robo la expresión de mi amigo Alarcón– se atrevieron a defenderlo.

La verdad, no entiendo la sorpresa. Para empezar, me parece que con Meyer pasa lo mismo que con Acapulco. Todo mundo dice que el puerto fue un paraíso natural, pero no hay humanos vivos que hayan conocido sus playas sin pañales, botellas de caguamón y lamparones de gasolina. Lo mismo con Meyer: todo mundo habla de un pasado glorioso, en plan “qué le habrá pasado a ese hombre tan brillante”, pero es imposible recordar la última vez que dijo algo decente. 

En cualquier caso, la sorpresa no se justifica, de entrada, porque Meyer, a final de cuentas, es congruente con el modo  cuatroteísta de entender al pueblo bueno. 

¿Se acuerdan? En más de una ocasión, el Presidente llamó a las personas que van a sus mítines “solovinos”, como si fueran perros, igual que habló de los pobres como de “mascotas” a las que cómo no vas a darles de comer, si son tu responsabilidad. Por supuesto, tampoco ahí cabe la sorpresa. 

López Obrador también es congruente. Como cualquier populista digno del título, lo que hace es tratar a la ciudadanía –a la que no merece su furia, se entiende: 93 por ciento de padrón, en este caso– con la misma condescendencia que prodigaba, digamos, Evita Perón a las multitudes que la ovacionaban cuando zarandeaba sus joyas, o Chávez a los venezolanos que tenían que aplaudirle los abrazos a las seños y reírle los chistoretes. 

O qué: ¿les parece muy diferente la manera condescendiente de hablarle a aquel joven que se gana la vida con un caballo famélico y un trapiche? ¿Dirían que los elogios a las personas que viven de la piña miel o la barbacoa son propios de quien las ve como iguales? Tenemos un Presidente que considera a Fidel Castro un gran líder, mijitos. 

Perdonen la obviedad, pero eso solamente es posible en el que entiende a las masas como aglomeraciones de niños adultos, bonachones pero no muy avispados, a los que tiene que conducir un caudillo firme pero amoroso, paternal, con manos recias de obrero y carita de emoji con ojos de corazoncitos.

Lo que quiero decirles, pues, es que no anden viendo socialdemócratas buen rollito donde no los hay.

Sobre todo, les diría que se preparen para la peor cara del doctor Meyer, el Presidente y compañía. Porque el año que viene toca consulta por la revocación de mandato, y los animales pueden darles un susto.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
@JULIOPATAN09

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