COLUMNA INVITADA

La canciller que conocimos

Acaba de regalarnos “la historia de 10 intensos años de un país que cambió para siempre”

OPINIÓN

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María Ángela Holguín fue canciller de Colombia durante dos periodos presidenciales distintos. A lo largo de tres intensos y muy productivos años, forjamos con ella una de las amistades más profundas con nuestras contrapartes latinoamericanas. Reforzamos y potenciamos la histórica relación bilateral entre dos naciones hermanas, afines, solidarias entre sí y que comparten pasado, vecindad, pertenencias, retos, anhelos, presente y futuro.

En un ejercicio analítico y vivencial extraordinario, María Ángela acaba de regalarnos “la historia de 10 intensos años de un país que cambió para siempre”, a través de la reciente publicación de su libro La Venezuela que viví.

Al evocar a Venezuela habla de Colombia, al sumergirse en su país detalla el proceso de paz y al abordar ésta nos llega y conmueve a todos quienes aspiramos a un mundo libre de violencia, donde la justicia y el acceso a todos los derechos sean norma y no anécdota.

Bien lo dice María Ángela Holguín: los países requieren paz para crecer, para generar riqueza y empleo, y también para hacer justicia. Si alguien tiene experiencia diplomática de primara mano en Colombia respecto de Venezuela es quien fuera embajadora de su país ante esa nación vecina entre 2002 y 2004, representante permanente ante la ONU entre 2004 y 2005 y Canciller de 2010 a 2018.

La situación venezolana y la paz colombiana a través de los ojos de María Ángela ofrecen lecciones de trascendencia universal, no se diga para el entorno latinoamericano, donde nos recuerda lo que debería ser más obvio: la importancia de valorar la vida por encima de todo, lo fundamental de las instituciones democráticas, la importancia de escuchar e involucrar a la sociedad para resolver los problemas nacionales y lo esencial de valores como la tolerancia, el respeto y la unidad para cualquier colectividad que pretende moverse hacia objetivos comunes.

La ex-canciller destaca un elemento que llama la atención: “para lograr la paz necesitamos perder el miedo de imaginarnos una vida en paz”. Llevado al extremo este argumento, y desde una óptica hegeliana, hay quienes le tienen miedo al fin de la historia, a terminar la lucha de contrarios, porque para ello se requiere, entre otros, lidiar con el respeto a las diferencias, la rendición de cuentas, el diálogo, la concertación y la reconciliación.

María Ángela comparte una radiografía del momento que le tocó vivir como canciller, y al hablar en primera persona evidencia su enorme activismo, el peso de sus participaciones y lo definitorio de su involucramiento no solo para Venezuela y la paz colombiana, sino en favor de las mejores causas de la agenda multilateral, que son las mejores de la humanidad.

Dos motores son los que han movido a María Ángela Holguín. Por un lado, la búsqueda de la paz “como condición indispensable para que todos los miembros de la familia humana puedan vivir una vida digna y segura”, en palabras de Kofi Annan y, por el otro, el enorme amor a su país, Colombia.

La reciente obra de la canciller que conocimos nos confirma la fe y el respeto que siempre hemos tenido por el buen servicio público y nos reitera la inquebrantable esperanza en la fortaleza del espíritu humano.

Por Vanessa Rubio y José Antonio Meade
Colaboradores
@vrubiomarquez / @JoseAMeadeK

dza