Alito, el gran perdedor

Aunque incrementa el número de diputados federales, pierde ocho gubernaturas

Alito, el gran perdedor
Alfredo González / A Fuego Lento / El Heraldo de México

Por donde se le vea, el Partido Revolucionario Institucional fue uno de los grandes perdedores de las elecciones del domingo pasado. 

Su líder nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, no fue capaz de ganar la contienda en Campeche (estado que gobernó y abandonó para venir a la presidencia del tricolor), ni en Sonora, la entidad que vio nacer al fundador del PRI, Plutarco Elías Calles.

De las 15 gubernaturas en juego, con todo y alianza, el priismo perdió esas dos plazas, más San Luis PotosíTlaxcalaZacatecasGuerreroColima Sinaloa. Es decir, de un plumazo dejará de gobernar en ocho estados.

A finales de año sólo “mantendrá el control” en HidalgoOaxacaCoahuila Estado de México. Cuatro de 32. 

Pero esa realidad no arredra a Moreno Cárdenas. Él minimiza el descalabro. Lo importante, ha dicho en todas sus entrevistas, es que el PRI pasó de 45 a 75 diputados federales. Eso y el triunfo en lugares recónditos del país, como en Chiapas, es lo que presume. 

Pero si ponemos en una balanza el resultado, en términos cuantitativos, ganó posiciones en el Congreso y perdió mucho en los estados, lo que, en términos cualitativos, da una sensación de derrota

Para algunos priistas, lo que hizo Alito fue desmantelar la estructura del partido en el interior de la República y colgarse de la alianza, con PAN y PRD, para crecer en la Cámara de Diputados. 

Además, impuso a un número considerable de legisladores de representación proporcional, la mayoría de sus incondicionales, que ya tienen un pie en San Lázaro. Con eso logró crecer su fracción parlamentaria para presionar y obligar a negociar, a quien sea, desde San Lázaro. Lo que no sabemos es si ya tiene en el radar la revolución que se está gestando al interior del tricolor. 

A él, como a políticos de otros partidos, le espera una cena de cuchillos largos, porque hay varias corrientes y sectores que se organizan para obligarlo a realizar la Asamblea Nacional del PRI que fue aplazada desde febrero. 

Ahí es donde le pedirán cuentas por lo ocurrido en el partido, cuya presidencia ya catalogan como la más mala de los últimos tiempos

En 2016, por ejemplo, Manlio Fabio Beltrones renunció al PRI tras perder siete de las 12 gubernaturas que estaban en juego; mientras que, en 2018, Enrique Ochoa lo hizo 60 días antes de las elecciones presidenciales. 

Esta vez, el exceso de confianza, la soberbia y la ambición por el poder fue lo que llevó al tricolor a otra dolorosa derrota en las urnas. 

Hoy únicamente le queda el nombre, una pírrica fracción parlamentaria y un desolador panorama para toda su estructura en el país. 

Con ese PRI, con el que estará al servicio del mejor postor, es con el que ahora buscará acuerdos el presidente Andrés Manuel López Obrador, según declaró en su mañanera de ayer, dos días después de las elecciones. 

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “La ambición es como un torrente: no mira nunca hacia atrás”. 

POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO
ALFREDO.GONZALEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM
@ALFREDOLEZ

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