Sábado 19 de Junio 2021
TRES EN RAYA

#Línea12. Aprender en cabeza... propia

La corrupción, la negligencia y la soberbia cobró el 3 de mayo un nuevo y tétrico significado

Verónica Malo Guzmán / Tres En Raya / Opinión El Heraldo de México
Verónica Malo Guzmán / Tres En Raya / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

La corrupción, la negligencia y la soberbia cobró el 3 de mayo un nuevo y tétrico significado.

La mala planeación, los deficientes materiales usados, la pésima administración y el escaso mantenimiento tuvieron como saldo 25 muertos y más de 70 heridos. El dolor transita desde las familias hacia la gran ciudad, y de ahí a toda la nación. La incredulidad continúa cuando escuchamos a quienes hoy dan testimonio de las fallas antes avisadas y frente a la zozobra de los deudos que no verán nunca más a su familiar.

Pensemos en las víctimas, en el miedo infinito ante la caída abrupta, en quienes supieron que no había más y quienes trataron de salvarse. Pensemos en los sobrevivientes que tendrán que vivir con alguna secuela física y muchas en el alma. Pero, ante todo, para honrar a los muertos, PENSEMOS EN EVITAR OTRA TRAGEDIA.

Quienes configuraron y participaron deficientemente —de una forma u otra, constructores, ingenieros, calculistas, proveedores, autoridades— en la ‘línea dorada’ del Metro que acaba de colapsar, están haciendo un aeropuerto, un tren y una refinería. Dichas obras pueden llegar a tener el mismo trágico resultado que hoy nos duele tanto. Las probabilidades de que ello suceda son altas. ¿Vamos a mirar hacia otro lado? ¿Nos vamos a conformar con pedir “perdón” al pueblo Maya?

Aceptémoslo (ya lo he advertido antes), la austeridad puede volverse mortal. Se llama austericidio. La reducción del presupuesto pero, sobre todo, el subejercicio en materiales, suministros y mantenimiento para el Metro (¡del 40% de acuerdo a la cuenta pública del 2020!), ejecutados ambos elementos estratégicamente para que los recursos terminen canalizados a los proyectos insignia de la actual administración.

Ha quedado demostrado que la honestidad y la experiencia no están peleadas. Todo lo contrario: ¡cuando hay ineficiencia, la corrupción aflora con más libertad! Esa es la verdad.

Conocemos todos la participación de los actuales gobernantes en la construcción de la línea 12. Marcelo Ebrard, como jefe de gobierno de la Ciudad de México; Mario Delgado, hoy presidente de Morena, como el secretario de finanzas de aquella administración.

Una obra que sobrepasó su presupuesto ¡en más del 70%!; la misma obra que a su terminación tuvo que estar parada por meses mientras se “corregían” todo tipo de errores, incluyendo el que los vagones y sus ruedas no coincidían con los rieles (los trazados y peraltes, de esos no hablemos, pues no se modificaron jamás). La combinación perfecta para terminar en un colapso tan brutal como el que vimos esta semana.

Un Miguel Ángel Mancera que, conociendo todas las fallas y corruptelas, calló y no proveyó el mantenimiento integral. Lo mismo se replica para la actual administración de la capital, empezando por su cabeza, Claudia Sheinbaum, e incluyendo a la “no directora” (la que sí cobra como tal), quien dijo se le había dado el mantenimiento a la línea 12 y que hoy sabemos no es así.

Se determinarán culpabilidades y culpables, que —espero— serán señalados de manera precisa por los peritos en la materia. La Cámara Nacional de Empresas de Consultoría ofreció al gobierno de la Ciudad de México realizar el dictamen. Ojalá sean ellos quienes lo realicen. U otro despacho, agencia, organismo independiente, ajeno y autónomo, sea nacional o internacional. No nos debemos conformar con la auditoría de la Fiscalía capitalina; de ninguna manera.

Los culpables de las corruptelas para la construcción podrían también ser señalados o no, por la secretaría de la Función Pública. Ojalá sí lo sean. De preferencia antes de que Irma Eréndira deje el cargo de secretaria, como se rumora ocurrirá pronto...

Más allá de las decisiones y señalamientos de unos y otros, debemos retomar la tragedia para aprender de ella. Utilizar el pasado para mejorar, no para seguir solamente en la evocación ni en el golpeteo político.

Porque nada se logrará si solo nos lamentamos y no hacemos lo correcto para que no vuelvan a suceder los mismos errores. Máxime cuando las autoridades y los contratistas que realizaron la fallida obra de la línea 12 van a estar a cargo (directa o indirectamente) del Tren Maya, de parte de Santa Lucía y de la refinería de Dos Bocas.

Esto es, las lecciones no sirven si no se aprende de ellas. Sean para las próximas construcciones o para modificar las rutas aéreas en la Ciudad de México. La seguridad no es un juego.

El dicho reza “no se aprende en cabeza ajena”. Ojalá, aunque sea por una vez en la vida, constructores, verificadores y autoridades aprendan en cabeza propia. ¿De eso hablarían Carlos Slim y Andrés Manuel López Obrador si se volvieran a reunir pronto? Lo dudo mucho.

Por VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

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