Isabel Arvide

Estas son solo algunas de las muestras de lo corriente que es nuestra representante en Estambul

Isabel Arvide
Verónica Malo Guzmán / Tres En Raya / Opinión El Heraldo de México

Viajar en primera clase y de eso culpar a los periodistas. Amenazar no solo con despedir de forma injusta a los trabajadores del consulado de México en Turquía, sino también con que “nunca volverán a tener trabajo”. Ayer, decir que “porque al presidente se le da la gana” ella sí goza de un puesto y de un sueldo.

Estas son solo algunas de las muestras de lo corriente que es nuestra representante en Estambul. Y sí, para los apologistas de la mediocracia, claro que hemos tenido peores emisarios de México. No vayamos muy lejos: ahí tienen a Andrés Roemer. Pasamos de un cónsul acosador a una cónsul vulgar y ordinaria. ¡Vaya mejora para quienes dijeron que serían diferentes!

Es cierto que en todos los tiempos se han tenido cónsules y embajadores de dudosa y nula capacidad diplomática o con serias interrogantes rondando a su persona. Pero se supone que ahora el presidente no tendría como criterio para nombrarlos su puro
antojo.

Pero no nos hagamos bolas —diría el primer orejón innombrable-, lo que hizo Isabel Arvide fue decir de manera clara y hasta presuntuosa que lo único importante en la función pública es mostrarse rendida a la voluntad del presidente. Esta es la plática de Arvide sostenida con un reportero a su arribo a Chetumal: “-¿Por qué está ahí? -A mí me nombró el presidente, porque le dio su gana nombrarme. -¿Usted por qué aceptó? -Porque al presidente no se le dice que no.”

Y es que el comentario de Arvide solo evidencia que la frase de Andrés Manuel de hace algunos meses caló hondo: “están conmigo o contra mí”.

Es la tónica de este sistema de la 4T; la única división válida es si se apoya o no a López Obrador. Ella está con él y recibió como premio el consulado en la capital turca. Es decir, el consulado a cambio de la pleitesía; poco importan la capacidad y lo adecuado de sus decisiones.

Ya sabíamos que en esta administración solo pedían el 10% de capacidad y 90% de honestidad, pero esto tampoco se cumple cuando ella presume —sin cifras de por medio— que desde que ella está despachando en Turquía, el turismo se ha incrementado en la Rivera Maya resultado de sus gestiones. O cuando, en el colmo de la falsedad, les contesta a los reporteros de la fuente: “ustedes se acabaron los lugares en turista”.

Mentira, pues había lugares disponibles en esa sección. Como se trata de una apologista del régimen, López Obrador dice que Isabel Arvide es “perseguida política” y que por eso se le protege. Ya sabemos que los consulados y las embajadas se dan si la gente es, supuestamente, perseguida o si no puede estar en México por temas de salud, como es el caso de la próxima embajadora en Francia.

Sobre la austeridad y viajar en primera clase, López Obrador dijo que la gente se puede equivocar y después reivindicar, “vamos cambiando el estilo de comportarnos como servidores públicos; es un proceso”. Lo cierto es que Arvide no ha sido una funcionaria pública, ni ha habido mejora en su actuar.

Decir que “ya no hay la prepotencia que había antes” es evadir la realidad. Viendo la actitud de Arvide o de Sanjuana Martínez en Notimex o de muchos otros servidores públicos, se puede decir que la prepotencia es peor porque se presume que no existe.

Es una lástima que la Matías Romero, casa de estudio de los diplomáticos de carrera en nuestro país y considerada de las mejores a nivel mundial, no sea utilizada para dar al menos una ‘capita de pintura’ a la educación de gente como Arvide. Ella olvida que no representa solo al presidente; simboliza el rostro de todos los mexicanos y, como tal, debería de proyectar una mejor imagen.

Por VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

maaz


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