Sábado 19 de Junio 2021
MIRANDO AL OTRO LADO

Estrategias de la oposición y Morena

Las estrategias electorales y de campaña de la oposición y Morena son radicalmente diferentes

Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México
Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Las estrategias electorales y de campaña de la oposición y Morena son radicalmente diferentes. El resultado electoral del 6 de junio marcará un antes y después del quehacer de la política en México. Ese resultado definirá si el país sigue por la ruta confrontacional que propone el Presidente o si se cambia de ruta hacia la propuesta opositora de institucionalidad constitucional y democrática.

Como parte central de la estrategia de campaña de la oposición, se acordó no darle lugar a AMLO en sus eventos y recorridos, sino orientar todas sus críticas a las políticas públicas de Morena, y cuestionar las conductas serviles y las votaciones ilegales de los candidatos de Morena en el Congreso de la Unión.

Los candidatos de Morena son, por lo general, de gran mediocridad y con historiales de corrupción, lo que los hace altamente vulnerables en sus distritos y municipios. En cambio, Morena quiere escudarse detrás del Presidente de la República y su imagen.

Por tanto, define su estrategia electoral únicamente en torno a la defensa de los programas sociales y la campaña de vacunación del gobierno federal, además de defender su sumisión legislativa ante los deseos presidenciales, por más ilegales que sean. Insiste en afirmar que si gana la oposición los programas sociales serán cancelados, jugando con una amenaza que no tiene ningún fundamento.

Por otro lado, Morena no puede explicar y defenderse de las críticas sobre los recortes presupuestales, el desastre del sistema de salud, seguridad y crisis económica. Por tanto, trata de evadir cualquier debate programático con la oposición. Paralelamente, el Presidente de la República, al parecer advirtiendo la posibilidad de una derrota para su partido, se ha metido de lleno en la campaña electoral. No le importa que su intervencionismo contravenga la ley. Está cada día más desesperado y con conductas de un personaje fuera de sus cabales.

Nos recuerda al Rey Ricardo III, en la obra de Shakespeare, que terminó ofreciendo su reino a cambio de un caballo cuando se ve derrotado y cae en una rabieta fatalista. Igualmente, AMLO pide judicializar las elecciones acusando falsamente a opositores y empleando a la UIF y FGR ilegalmente para armar casos en su contra. Ataca y acusa sin fundamento al árbitro electoral y al Tribunal Electoral. Habla y se comporta como opositor al gobierno desesperado por lo que ve venir: una ola electoral contra su partido y contra su propio legado político.

De suceder una derrota, se confirmará lo que teme: que una mayoría de mexicanos ven en su presidencia el ejemplo de otro gobernante fracasado. Hay varias capas en las campañas, como siempre. Una capa, la más obvia, se conforma por los partidos políticos y sus candidatos. Una capa más la conforma toda la estructura administrativa, jurídica y política del arbitraje electoral.

Otra capa es el activismo ilegal del Presidente y órganos del Estado de justicia subordinados a sus designios intervencionistas. Una más son los medios de comunicación y las redes sociales. Otra, las organizaciones sociales y ciudadanas que ejercen presión sobre la opinión pública en general.

En determinadas zonas del país un actor importante electoral son las organizaciones del narcotráfico y criminales que buscan afianzar su control sobre sus áreas de influencia y rutas de trasiego de sus productos, muchas veces asesinando a los candidatos “no-cooperantes”. Por último, las agencias de seguridad también buscan influir en los resultados por áreas según sus intereses o los de sus jefes civiles.

Hemos visto a policías municipales presionando a taxistas a votar por Morena y a llevar gente a las urnas el 6 de junio para apoyar a Morena y las autoridades municipales de ese partido. Las encuestas en su conjunto, aún con datos variables y con resultados a veces en contradicción, están indicando tendencias muy claras: conforme se acerca el 6 de junio Morena está constantemente perdiendo adeptos y crece el número de votantes a favor de la oposición.

Incluso ha sido publicada una encuesta nacional de Massive Caller, donde se levantaron 600 encuestas telefónicas en cada uno de los 300 distritos electorales federales del país, que le otorga 258 distritos a la oposición y 242 a Morena y aliados. El cálculo obviamente incluye el reparto de los diputados de representación proporcional de cada partido.

Es difícil conocer la exactitud de esta encuesta con relación a la realidad, dada la polémica técnica sobre las certezas de las encuestas telefónicas versus las encuestas realizadas cara a cara en domicilio. Pero lo que se puede concluir es que se ha cerrado la elección.

Vendrá, en su momento, la hora de las evaluaciones sobre el éxito o fracaso de las estrategias de cada bloque de partidos.

En el caso de la oposición sin duda ha sido un acierto hacer campaña con una lógica local, distrito por distrito y municipio por municipio, ignorando lo nacional. Las confrontaciones locales borran a AMLO de la ecuación, y buscan centrar el debate sobre el usualmente mediocre o mal desempeño de las candidaturas locales.

Las referencias a temas nacionales se centran en que los morenistas quitaron dinero a guarderías, mujeres, el campo, incendios forestales, apoyos a pequeños negocios, medicinas y educación, haciendo referencia a la política de la austeridad “republicana”. Esa austeridad que ha devastado el apoyo social a Morena. Los candidatos morenistas no han podido defender la austeridad republicana y, por ello, tratan de escudarse tras las faldas de AMLO.

Pero no está funcionando porque hay un cansancio nacional con el Presidente pendenciero y peleonero. Necio y polarizante, no se comporta como Presidente sino como el maloso de barrio. Además Morena es un partido en pleno proceso de descomposición, con una guerra civil interna donde todos impugnan a todos en tribunales electorales y en las calles. La inconformidad interna generada por la designación arbitraria de candidaturas es extensa, nacional y corrosiva.

Las encuestas confirman que la estrella intervencionista de AMLO en las elecciones, contraviniendo la ley, ya trabaja en contra de él y su partido. Una mayoría de mexicanos ya expresan una “fatiga presidencial” con las mañaneras y creen que las usa para decir mentiras.

Si bien quiso aplicar la misma estrategia de Peña Nieto contra Ricardo Anaya de lanzar acusaciones terribles pero sin fundamento, ya no le funcionó ni en Tamaulipas, ni en Nuevo León, ni en Guerrero ni en Michoacán. Ni con Lozoya, ni Rosario Robles, ni Odebrecht. Ha intentado todo, y estamos a 20 días de las elecciones y la estrella electoral de la 4T acelera su caída. Así como la masacre de Ayotzinapa (43 muertos) marcó el sexenio de Peña Nieto, la tragedia de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México (26 muertos) marcará este sexenio.

Mientras tanto la violencia crece en el país, desnudando al gobierno federal y sus órganos de seguridad por haber perdido el control de la situación frente al narcotráfico, exponiendo a la sociedad a terribles peligros. La economía sigue estancada, el desempleo es galopante, la falta de medicinas golpea a millones de mexicanos enfermos y todos los días el país se entera de casos de corrupción de los favoritos y cercanos-muy cercanos-al Presidente.

El optimismo y la esperanza que había al inicio del sexenio se han esfumado. Entra en escena un estado de ánimo social de desasosiego, con tristeza y con la convicción de que estamos ante otro gobierno fracasado y mentiroso. Pero ese mismo estado de ánimo social de desasosiego se percata del fracaso del gobernante y se convierte en un estímulo para tomar aire y decidir que es hora de corregir, pues es de sabios rectificar: tomaremos un nuevo camino.

Tenemos el coraje y la valentía para corregir un rumbo mal escogido, aunque haya sido por la existencia de problemas reales. Corregir es un acierto : es tener el arrojo necesario para buscar nuevas soluciones, nuevos caminos. El cambio positivo del estado de ánimo social se refleja claramente en las encuestas.

Y es muestra de la correcta estrategia de la unidad electoral de la oposición, ante el fracaso y la fragmentación morenista. Así, votaremos el 6 de junio. Por una nueva ruta, por la estrategia que más le conviene al país. Votaremos por acabar con el desasosiego. 

POR RICARDO PASCOE PIERCE
RICARDOPASCOE@HOTMAIL.COM
@RPASCOEP

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