Una democracia amedrentada

El caso más escandaloso es, sin duda, el de Salgado Macedonio. Ha pasado de las injurias a la amenaza abierta y cínica en contra de las autoridades electorales, como muestra clara de su desesperación por la inviabilidad de su candidatura y los ilícitos que le llevaron a la pérdida del registro

Una democracia amedrentada
Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México

El desprecio y desapego a la institucionalidad democrática no es algo nuevo en el lopezobradorismo. Ha sido una de sus características más peculiares desde sus inicios, sobre todo, cuando pierden o sienten el riesgo inminente de perder una elección.

Reconocer al adversario y aceptar con franqueza la derrota es una de las reglas más elementales de toda democracia, sin la cual no puede renovarse periódicamente la transferencia pacífica del poder. El lopezobradorismo no ha compartido jamás este principio. Tienen una convicción democrática selectiva: aplauden la voluntad popular cuando les favorece, pero la vituperan cuando vota en su contra. Eso, a todas luces, se llama autoritarismo.

Desde hace mucho hemos tenido claro los riesgos que estas prácticas políticas implican, incluso desde mucho antes de la llegada de López Obrador a la presidencia. Sin embargo, lo que ha sucedido en las últimas semanas, a partir de los reveses legales y electorales de sus candidatos en diferentes estados, es aún mucho más grave. Nuevamente, sus arrebatos y desplantes desde el poder los han llevado a rebasar una línea roja muy peligrosa para la supervivencia de nuestra democracia.

El caso más escandaloso es, sin duda, el de Salgado Macedonio. Ha pasado de las injurias a la amenaza abierta y cínica en contra de las autoridades electorales, como muestra clara de su desesperación por la inviabilidad de su candidatura y los ilícitos que le llevaron a la pérdida del registro. Por si fuera poco, ha amagado con agredir directamente en su persona y su domicilio a los consejeros electorales, haciendo gala de sus prácticas más atroces.

Cobijado desde Palacio Nacional y con el respaldo de la dirigencia de su partido, ha montado un plantón buscando amedrentar a la autoridad electoral. Más que una protesta, lo que hemos visto en los últimos días ha sido un triste y patético espectáculo motivado por el capricho y el arrebato, de alguien que no conoce ningún respeto por la legalidad.

Pero lo más grave e irresponsable es lo que podría pasar en Guerrero durante las próximas semanas. Al más puro estilo de los grupos de choque, Salgado ha dicho que si no está en la boleta no habrá elecciones en Guerrero. Esto es muy delicado. La impunidad con la que lo que están dejando hacer y deshacer puede llevar a un escenario de violencia e inestabilidad de mayor escala. Poco le importa a Salgado la paz y la estabilidad de un estado tan lastimado y complejo como Guerrero: está dispuesto a usar como carne de cañón al pueblo que dice defender.

Minar los cauces institucionales de esta forma puede llevar a desbordarlos. Por el bien del país, es necesario que alguien ponga freno a la espiral de agitación que MORENA y el propio Salgado están generando. El INE está cumpliendo la parte que le toca, aplicando la ley y sancionando conforme a derecho a alguien que a todas luces no tiene nada qué hacer en una boleta electoral. Pero si no se le pone un alto a su conflictividad, la maquinaria de choque que el propio régimen ha creado y alimentado terminará generando un costo muy alto para la estabilidad del país.

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE (@GUILLERMOLERDO)

DIPUTADO CIUDADANO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

PAL


Compartir