COLABORADOR

El estado de derecho y la sana división de poderes.

El reciente ataque a los jueces es un pésimo precedente

Pedro Ángel Palou / Colaborador / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Durante los últimos cuatro años padecimos en Estados Unidos un ataque sistemático a las instituciones democráticas, particularmente al poder legislativo. Debido a la cerrazón de los republicanos Obama no pudo “llenar” muchas de las vacantes a jueces federales. Mitch McConnell y los de su estirpe le están eternamente agradecidos a Donald Trump por haber colocado no uno, sino tres magistrados conservadores en la Suprema Corte, además de haber llenado esas vacantes a diestra y siniestra, 245 en total. Y sin embargo fueron esos jueces, esos magistrados y los funcionarios electorales locales, una y otra vez quienes al final de un mandato signado por el autoritarismo hicieron valer la democracia y no cedieron ante su capricho de anular las pasadas elecciones.

Más de una lección puede obtenerse de esta situación. El populismo, de derechas o de izquierdas basado en el culto a la personalidad y la idea de que hay un Mesías político capaz de salvar al país de todos sus males, busca eliminar toda decisión que no venga del supremo líder y, además, cuestionar todo aquello que se le oponga. En el caso de México, un país de presidencias autoritarias con poca historia democrática que alardear, es aún más imperativo asegurar la división de poderes. El reciente ataque a los jueces —además de volver a recordarme lo ocurrido con Trump que “corrió” al juez de distrito de Nueva York que lo investigaba— es un pésimo precedente. El mismo juez cuestionado por haber suspendido temporalmente la nueva Ley de Energía, ha mostrado un récord de imparcialidad, fallando a favor de López Obrador en varias ocasiones. Sin embargo, fue violentamente vituperado desde la alta tribuna de la mañanera y se pidió su “investigación”, como si se tratase de un criminal. La independencia del poder judicial, que tampoco tiene una gran tradición en nuestro país, debiera ser uno de nuestros objetivos democráticos. De la misma manera que un fiscal transexenal, no ligado a un partido político o una guardia nacional verdaderamente civil.

Nos preocupa, de cara a las elecciones de julio, la nueva alianza política sin ideología. Se trata de “reconquistar” o mantener el poder a toda costa, sin una verdadera propuesta, sin programa político. Partidos históricamente antagónicos aliados con candidatos sino infames muchas veces descoloridos o con tanto color que, parafraseando a Pellicer, se caen de morados. Pero en nuestro país eso no importa: ni la izquierda es izquierda, ni la derecha parece ya tener ciertos valores que no puede comprometer. Todo sea por un voto, por un escaño, por una alcaldía o una gubernatura. El caso de Félix Salgado Macedonio es a mi parecer conspicuo. Está en la lista elector a pesar de una campaña masiva que además lo supera en sentido: un grito femenino y feminista por acabar con el pacto patriarcal que el presidente decidió no escuchar. Así como ha habido simulacros de “encuestas” para echar a andar un proyecto o cancelar otro (el Tren Maya o el suburbano de La Laguna), aquí lo único que vemos operar es el capricho del gran solitario de palacio. Sigo preguntándome cómo es posible que una de las oposiciones más intensas y orgánicas a AMLO sea la de los colectivos feministas. Su cerrazón es mi respuesta.

Y hablando de oposición la nuestra es vergonzosa. Anaya preocupado no por los salarios, no por esos miserables dos mil pesos, sino por las Caguamas. Descubriendo un país para su base electoral, aparentando darse un baño de pueblo. El PRD absolutamente entregado al mejor postor, como lo está desde siempre Movimiento Ciudadano. Las oposiciones locales igual o más pedestres, sin preocuparse de darle a la ciudadanía verdaderas alternativas, discutir el estado de la cuestión de sus municipios o estados. La política rebajada a meme, el país más preocupado en discutir si Víctor Trujillo se “deslinda” de Brozo -Pirandelliano el asunto a muerte- y no que su creador se disculpe por haberlo parido.

Mientras todo esto ocurre estamos en medio de una pandemia, la vacunación parece ser un desastre y su titular múltiples veces en entredicho por violar las más elementales reglas de distancia social y precaución que debiera modelar.  Recuerdo a Yeats: “Un estadista es un hombre amable,/ cuenta sus mentiras de memoria;/ un periodista inventa las suyas/ y te agarra del cuello”.

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

jram