Dejen tuitear a la 4T

El mundo es lo bastante triste. No lo empeoren. Déjennos divertirnos

Dejen tuitear a la 4T
Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México

El título de esta columna no tiene que ver con la iniciativa de Ricardo Monreal, esa de “regular” las redes. No. Con lo que tiene que ver es con la idea de que a ciertos representantes de la 4T hay que quitarles el teléfono para que dejen de tuitear, si me permiten la expresión, a la güey, es decir, en contra de sus intereses, que son los de la patria.

Me opongo. Permítanme explicarles por qué con dos ejemplos.

Empecemos por Rocío Nahle. O sea, no, no podemos decir que Rocío de México es algo así como la Mozart del tuiteo, según quedó confirmado hace un par de días, cuando se dejó ir con un retuit petrolizante, anti energías renovables, etc, nada menos que de la Universidad Prager. Ocurre que la Prager es en realidad una organización de ultraderecha gringa convencida de que Europa comete un “suicidio” al tolerar la inmigración y que niega el cambio climático.

Pero ojo: ¿de veras creemos en este México progre-carbonífero-refinero en el calentamiento global? ¿Realmente nos cae bien la migración? ¿Y nuestro amor por Trump? Otra cosa a la que se oponen los amigos de Prager es al matrimonio igualitario. Lo que me lleva a otra pregunta: cuando nuestro presidente habla de que la familia es la principal institución de seguridad social del país, ¿piensan que habla de una institución gay? A mí se me hace que la compañera Nahle es muy congruente con este elevado momento histórico. Déjenla.

Pensemos ahora en el presidente mismo. Que no fue buena idea ese video en el que aparece con un bat y explica que cuidado con la salud, que lograr un cuerpo de atleta keniano exige que antes de entregarte a la demandante disciplina del “fildeo y macaneo” hagas ejercicios de calentamiento y estiramiento. O sea, no: no es de una gran delicadeza abordar desde ahí el tema de la salud, cuando le pegamos a los 300 mil muertos. Pero me permito dos comentarios.

Primero: al presidente no le podemos quitar Twitter, porque sería como quitarle el alimento. Digo, ¿qué haría en las 24 horas eternas entre mañanera y mañanera? ¿Lastimarnos con su ausencia? Por supuesto que no. Bien: si al presidente no habrá fuerza humana capaz de sacarlo de las redes, ¿qué prefieren: verlo echando el beis o en plan “Holi, Putin bebé”, como el otro día, cuando, para negociar la Espunin, le robó al Gran Oso unos minutitos del tiempo que dedicaba a reprimir a la oposición? Piénsenlo.

Pero lo más importante es esto: no nos quiten la diversión. Estamos confinados. ¿Nos van a dejar sin las toallas de Noroña, las rolas de Torruco, los videos de Estefanía? Ya nos quitaron al Tigre Toño y a Chester Cheetos. El mundo es lo bastante triste. No lo empeoren. Déjennos divertirnos.

Aunque sí hay una excepción: quítenle el teléfono a Gatell. Porque 1700 muertes, doc, no son una disminución del 60% en los índices de mortalidad.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
 @JULIOPATAN09

 

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