Demagogia y combustóleo

El gran “showman” está intentando de nueva cuenta gobernar como engañabobos, acusando a otros de sus propios errores

Demagogia y combustóleo
Ricardo Pascoe Pierce / Mirando a otro lado / Opinión El Heraldo de México

El gran “showman” está intentando de nueva cuenta gobernar como engañabobos, acusando a otros de sus propios errores. La caída del sistema eléctrico nacional, con todas sus consecuencias económicas, sociales, de salubridad, ambientales y de sufrimiento humano para millones de mexicanos, fue interpretada por el Presidente como resuelto por una “hazaña” de los técnicos mexicanos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y con una solución mágica: cambiar a combustóleo en vez de gas natural.

El “show” continuó cuando el Presidente planteó que en México se acabó el tiempo de “los reyes españoles”. Haciendo relucir su convicción personal de que todos los mexicanos odian a los españoles, aprovechó la crisis del gas natural en la frontera de México con Estados Unidos para fustigar a las empresas “favoritas” españolas: Repsol y OHL, entre otras. “Agréguele Iberdrola y agréguenle muchísimas”, declaró, culpando a los gobiernos anteriores de Calderón y Peña por sus negocios como explicación de la crisis actual.

El ataque a los españoles no tenía que ver con la crisis actual pues se suscitó a partir de una falta de abasto de gas natural de Texas, Estados Unidos. Era un dislate presidencial para confundir al pueblo atizado por odios y resentimientos.

Por otro lado, aprovechó la crisis en la industria eléctrica y particularmente en la CFE para hablar de la necesidad de rescatar a Pemex, tema que tampoco tenía que ver con el abasto de gas natural de Estados Unidos.  Sobre Pemex espetó su tesis conceptual sobre la empresa: “Se tiene que poner orden y rescatar nuestras empresas públicas, Pemex. El petróleo es la sangre de México, es la historia de nuestro país”.

Ésta afirmación del Presidente es, hoy por hoy, una absoluta falsedad. El petróleo fue importante hace décadas como bolsa de dinero para mover al gobierno. Permitió, es cierto, financiar a servicios públicos de educación, salud, etc. Pero hoy Pemex es un hoyo negro de pérdida de recursos públicos que van a un pozo sin fondo. Es una empresa en quiebra, que le cuesta al erario público, no es un salvavidas al presupuesto federal.

La economía mexicana hoy se finca principalmente en la industria y agroindustria, junto con minería, vinculada al mercado de América del Norte, vía el T-MEC. Depende más de sus ingresos por exportaciones de bienes manufacturados, turismo y remesas que del petróleo. Eso del petróleo como “sangre de México” es una fantasía delirante de nuestro gobernante.

Este galimatías argumentativo del Presidente es para evadir la responsabilidad de su gobierno ante su incompetencia. Nunca acepta la responsabilidad de ningún problema. Siempre culpa a otros de sus propios errores. Se comporta como si hubiera asumido el gobierno hace dos días, no hace dos, casi tres, años. 

Siguió hilando acusaciones internacionales para señalar a más y más culpables de la situación actual, evadiendo reconocer que su gobierno no ha hecho nada para resolver el problema de la falta de abasto y almacenamiento de gas natural. Afirmó: “Qué es eso de que hasta líderes de izquierda de países europeos hacían gestiones, trámites en México a favor de empresas extranjeras y les pagaban para eso y venían aquí todos como si México siguiera siendo tierra de conquista y a saquear: eso ya se terminó”.

Entonces soltó la bomba, que era lo que realmente quería decir, envuelto es su nacionalismo decimonónico y odio a la extranjería. “Autoricé el uso de combustóleo para hacer funcionar el sistema eléctrico nacional” anunció, ufano, como si hubiera resuelto de un plumazo el problema nacional de electricidad.

No es, sin embargo, el caso. Lo que está haciendo es aprovechar la crisis eléctrica para justificar la toma de decisiones que justifiquen su nueva propuesta de ley del sector de generación de energía eléctrica.

El problema es que ha necesitado tener un “pretexto” para justificar el uso masivo e indiscriminado del combustóleo, debido a su carácter altamente contaminante y siendo un peligro para el medioambiente y la salud de los ciudadanos. Su razonamiento descansa en una premisa no-declarada:  el gobierno mexicano está en bancarrota. Por eso no compra vacunas, las pide regaladas. Y, en el caso del gas natural, no pagó el seguro que habría salvado a México de las fluctuaciones de sus precios, que ahora con la crisis actual de abasto subió 500%. Por eso se cortó el flujo del gas natural, no por el frío.

El problema que tiene el gobierno, junto con su situación de quiebre económico, es que su mandato de producir más petróleo (“el petróleo es la sangre de México”, reza la mantra) implica generar más combustóleo. Por cada 3 barriles de petróleo se genera un barril de combustóleo. Años atrás ese producto se vendía en el mercado internacional, especialmente a países africanos. Hoy ningún país compra combustóleo. No existe mercado para ese producto mexicano sucio y contaminante, por lo tanto se almacena. Y ya no hay dónde almacenar esa cantidad de producto. Por lo tanto, y como una supuesta genialidad  de la 4T, la idea es utilizar ese producto quemándola para generar toda la electricidad del país, junto con termoeléctricas y carbón.

Se decidió hacer un juego de uso político de la falta de capacidad económica para comprar gas natural para justificar el uso, ahora indiscriminado y ante el ojo público, de la fuente no-renovable más sucia que existe para generar electricidad en México: el combustóleo.

¿Quién puede objetar la decisión de usar fuentes sucias y peligrosas para la comunidad, si es culpa de extranjeros que nada más venían a saquearnos como tierra de conquista?

Estamos ante el uso demagógico del ultranacionalismo y espíritu xenófobo del Presidente y su partido para encubrir su ineficiencia y fracaso como gobierno para resolver problemas difíciles con inteligencia, como el gas natural. Tenemos, desgraciadamente, un gobierno dispuesto a sacrificar al pueblo antes de admitir su fracaso como modelo de gobernanza.    

POR RICARDO PASCOE PIERCE
RICARDOPASCOE@HOTMAIL.COM
@RPASCOEP


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