LA NUEVA ANORMALIDAD

Sin tos

A más de 10 días de la inauguración, sigue sin reportarse caso alguno de COVID-19 en la FIL Guadalajara

OPINIÓN

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Nicolás Alvarado / La nueva anormalidad / Opinión El Heraldo de México

Este mes habré de cumplir 19 sin experimentar el más mínimo atisbo de gripa. Ni un dolor de garganta. Ni un acceso de tos. Ningún episodio de cuerpo cortado. Y nada de los estornudos pletóricos que solían sacudirme cada año a lo largo de un mes por causa de la rinitis estacional.

Si lo que describo es excepcional en cualquiera, lo es más en alguien que, como yo, ha padecido de las vías respiratorias toda su vida. He sobrevivido a siete neumonías: seis de ellas antes de los 10 años, la última –que me dejó sin posibilidad de trabajar durante un mes– a los 35. Un amigo solía decir que el problema de México es que la mitad de la población siempre tiene gripa mientras que la otra mitad siempre tiene hueva; antes de la pandemia, acostumbraba yo referir a mis catarros entonces frecuentes como prueba de mi talante trabajador; hace ya casi dos años que no me inscribo en ese grupo, y no sólo sin merma a mi productividad sino con más energía que nunca antes.

El mérito, más que mío, es de la sociedad toda, y la causa es la pandemia. O, mejor, la forma en que nos ha transformado.

El domingo pasado regresé a la Ciudad de México de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. A lo largo de diez días, estuve encerrado en múltiples ocasiones en salones sin ventilación natural –pero con reciclamiento de aire– con cientos de personas: conservé siempre el cubrebocas bien puesto salvo cuando me tocó en suerte fungir como orador, y lo mismo hicieron –sin excepción, por lo que pude ver– todos los casi 300 mil asistentes a la Feria. Lo que es más, al verse limitado el aforo a un tope de 12 mil 500 personas de manera simultánea, y al ver crecer los pasillos, sus dimensiones, pude disfrutarla más que nunca a partir del mayor espacio para circular, de la mayor comodidad para visitar los stands y hojear los libros. A más de 10 días de la inauguración, sigue sin reportarse caso alguno de COVID-19 en la FIL.

Este viaje a Guadalajara hubo de representar mi regreso a la circulación tras 19 meses de confinamiento, si no total, sí mayoritario. Me conmovió lo que vi ahí: la proliferación de restaurantes en terrazas y banquetas, el uso de gel antibacterial y tapetes sanitizantes, y el del cubrebocas en espacios públicos, como prácticas asimiladas. He ahí la probable razón de mi defección del mundo de los gripientos, y de la de tantos más que me comparten experiencias similares: por prevenir el contagio del COVID-19, nos hemos puesto también a salvo de otros virus y bacterias. Maldición ostensible, la pandemia ha tenido un saldo bueno: hacer de los hábitos de higiene normas habituales de convivencia social.

Anticipo un voto de año nuevo: que se vaya el SARS-CoV2, pero no las medidas sanitarias, que hayamos aprendido a construir sociedades en que, al menos de manera literal, no haya tos.

POR NICOLÁS ALVARADO
COLABORADOR
@NICOLASALVARADOLECTOR

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