COLUMNA INVITADA

El plan de infraestructura en EU

Se prevé la financiación de nuevos proyectos estratégicos para los próximos cinco años por un valor cercano de 550 mil millones de dólares

OPINIÓN

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Luis Miguel Martínez Anzures / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

La retracción en la dinámica de gran parte de las principales economías aunada a la emergencia sanitaria son profundos retos y desafíos que deberán enfrentar todos los países, sin importar su posición a nivel geográfico o las dimensiones de sus finanzas internas.

Muchas serán las naciones que habrán de entrar en una profunda recesión, mientras que otras tratarán de evitar este fenómeno a partir de diferentes fórmulas de reactivación económica; cualquier idea parece ser buena en momentos de crisis global como la que se vive.

El Congreso de EU aprobó, por 228 votos por 206 en contra, el plan de infraestructuras de 1.2 billones de dólares del presidente Joe Biden, que había sido aprobado por el Senado en agosto pasado, pero llevaba meses bloqueado ante las dificultades para alcanzar un acuerdo con el Partido Demócrata.

El plan ahora debe ser firmado por el Presidente para convertirse en ley. Con este programa se prevé la financiación de nuevos proyectos de infraestructuras para los próximos cinco años por un valor cercano a 550 mil millones de dólares.

Biden comentó que este plan de infraestructuras “creará millones de empleos, convertirá la crisis climática en una oportunidad y nos pondrá en camino de ganar la competencia económica para el siglo XXI”.

¿Pero por qué es tan especial este programa de infraestructura? Se prevé que sus bonanzas logren permear en múltiples aspectos de la economía local e inclusive regional. También se calcula que sus beneficios alcancen algunas de las áreas sobre las que se espera que el acuerdo consiga tener un efecto positivo, como el acceso a internet de alta velocidad “asequible y disponible en cualquier lugar” del país.

Aunado a ello, se cree que facilitará a las compañías que lleven sus bienes al mercado con mayor rapidez, reduciendo cuellos de botella en la cadena de suministros.

Otra de las actuaciones que prevé la propuesta es la de crear una red nacional de estaciones de carga para vehículos eléctricos que se extienda a lo largo de todo el país. También se fomentará la producción de paneles solares, granjas eólicas, baterías y motores eléctricos con la idea de exportar esta tecnología al resto del mundo.

El plan supone la mayor inversión en infraestructura en décadas en Estados Unidos, según han referido varios especialistas y agencias de información. A los 550 mil millones de dólares en nueva infraestructura se une la inversión rutinaria en carreteras, lo que lleva el total de inversión a 1.2 billones de dólares.

Con esta red de nuevos proyectos, Estados Unidos tratará de reposicionarse nuevamente en el concurso internacional y recuperar su protagonismo en la toma de decisiones, a partir de su supremacía económica.

El problema es que quizás estas medidas llegan tarde, a partir de lo que, del otro lado del mundo, ya lleva poniéndose en operación desde hace varios años, por ejemplo, la famosa nueva ruta de la seda ejecutada desde el corazón de Beijing y distribuido a lo largo de todo el mundo.

Sólo el tiempo podrá evaluar cuál de las dos fórmulas de comercialización habrán de recuperar de manera efectiva el dinamismo en los mercados internacionales.

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES
PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

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