COLUMNA INVITADA

No somos iguales

Los populistas detestan a las instituciones porque desde la soberbia del poder creen que ellos son las encarnaciones de los grandes saltos históricos

OPINIÓN

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Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México

La capacidad de este régimen para destruir instituciones quedó demostrada desde sus inicios. Desarticular cualquier cosa que suponga cierta independencia o autonomía es uno de los sellos más distintivos del estilo de gobernar de AMLO, y uno de sus principales mecanismos para concentrar el poder.

Los populistas detestan a las instituciones porque desde la soberbia del poder creen que ellos son las encarnaciones de los grandes saltos históricos y, por lo tanto, de la verdad. En contraste, las instituciones suponen procesos y reflexión; prudencia ante los cambios abruptos. Limitan a quien ostenta el poder porque buscan evitar que destruyan lo que ha costado años construir y evitan que la transformación se convierta en catástrofe.

En el ejercicio de gobierno del populista no puede haber lugar para el disenso o el cuestionamiento, y mucho menos para mecanismos de control o contrapeso. Desde su peligrosa y torcida retórica, cualquier cosa que los limite es ilegítima o injusta, y cualquier persona que no comparta su visión, es un traidor a la voluntad de las masas.

Es en este contexto que, desde hace ya tiempo, el INE se encuentra bajo acecho. La institución veladora de la democracia electoral, el pluralismo y la sana convivencia política, se ha convertido en un ente antagónico al discurso de hegemonía popular que desde el Poder Ejecutivo se ha buscado establecer.

Lo vimos hace unos meses, cuando AMLO revivió la idea de desaparecer a la institución para que la organización de las elecciones estuviera a cargo del gobierno federal o del Poder Judicial. Están ahí los intentos de intimidar a sus consejeros, como el caso de Ciro Murayama, con supuestas investigaciones de la Unidad de Inteligencia Financiera. O con ataques más vulgares, como los que se vivieron en abril pasado cuando Félix Salgado se apareció a las puertas del INE con una turba para amenazar a su presidente, Lorenzo Córdova.

La semana pasada Morena lo hizo nuevamente a partir de una envenenada invitación a comparecer a la Cámara de Diputados, en la que, supuestamente, se dialogaría sobre el presupuesto del instituto para el próximo año. En la reunión se hizo todo, menos eso. Los legisladores de Morena y de sus partidos satélite aprovecharon la oportunidad y se dedicaron a vaciar su resentimiento personal contra Córdova, mediante descalificaciones y agresiones indignas del recinto legislativo.

El más burdo de ellos se suscitó cuando uno de sus impresentables diputados, con la soberbia y prepotencia que los caracteriza –y francamente desde una posición de inferioridad moral e intelectual–, tachó de “igualado” al presidente del INE por pretender saludarlo.

La expresión tenía el objetivo de insultar, pero debería tomarse como elogio. Porque en realidad es cierto, para nada son iguales.  Ni tampoco lo somos, frente a esos políticos abnegados, una gran parte de los mexicanos. Porque a diferencia de ellos, millones fundamos nuestra visión de país en las mismas convicciones democráticas y de pluralismo que defiende el presidente del INE. Porque no compartimos las pretensiones autoritarias ni las pulsiones regresivas del obradorismo. Porque desconfiamos del modelo unipersonal de ejercer el poder que, una y otra vez, ha demostrado ser catastrófico.

Todos nos hemos beneficiado de los incrementales procesos de reforma democrática que, entre otras cosas, llevaron a la construcción del INE. Particularmente los partidos políticos, incluyendo el de López Obrador, porque han encontrado un sistema que les permite competir de forma civilizada.

Por ello hay que defender al INE y no tomar a la ligera el acoso al que están siendo sometidos sus consejeros. Hay dos visiones de país: la de la restauración de una hegemonía política o la de profundizar el pluralismo. Quienes apostamos por lo segundo tenemos que actuar para conseguirlo. No podemos dejar de levantar la voz y actuar en consecuencia. Mañana será tarde.

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE
COLABORADOR
@GUILLERMOLERDO

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