ARTE Y CONTEXTO

Porque la decadencia duele…

A partir de ese momento trato de cuidar conscientemente las imágenes que consumo, lo que de todas maneras no cambia las cosas que suceden en el mundo ni tampoco lo hace un lugar mejor

OPINIÓN

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Julén Ladrón de Guevara / Arte y contexto / Opinión El Heraldo de México Créditos: Foto: Especial

Hace algunos años vi sin querer una imagen espantosa que todavía me persigue con nitidez.  Recuerdo que estaba con mi padre viendo las noticias de la noche y de pronto anunciaron la transmisión, sin cortes, de una decapitación. En la primera escena había dos terroristas que leían un comunicado en alguna lengua árabe y tenían a un rehén hincado, con la cabeza cubierta por una capucha negra, totalmente consciente de lo que estaba por padecer. Al terminar la lectura, los terroristas tomaron a la víctima del pelo y procedieron a separar su cabeza comenzando por la nuca, sin inmutarse. Fue un momento pavoroso. La noticia nos tomó por sorpresa; era tan impactante como inverosímil así que permanecimos congelados sin quitar la vista de la pantalla porque estábamos en shock. 

Mi padre era periodista y detestaba cuando algún colega se servía del morbo o del dolor para obtener una nota para sobresalir. A mí como a él me descompone ver sangre, por tanto era improbable que hubiéramos decidido presenciar algo así, sin embargo estábamos en una especie de trance del que no pudimos escapar.  A partir de ese momento trato de cuidar conscientemente las imágenes que consumo, lo que de todas maneras no cambia las cosas que suceden en el mundo ni tampoco lo hace un lugar mejor. 

Sin embargo hace un par de días vi algo que me provocó una sensación parecida a la de aquella vez, guardadas las proporciones. No se trataba de nada sangriento pero me pareció cruel y profundamente doloroso. En esta ocasión la imagen también me agarró mal parada, así que me quedé pasmada observando cómo una mujer encapuchada destruía con un martillo la base de una de las estatuas de Paseo de la Reforma, nomás para protestar. Ella se veía concentrada en destruir en el menor tiempo posible aquél pedestal y lo hacía sin inmutarse, sin reflexionar, sin considerar que estaba siendo partícipe de algo atroz. Al presenciar la desintegración de cada pedazo de ese objeto que de pronto me pareció inusitadamente hermoso, me sentí repentinamente mal. Tuve una tristeza realmente profunda y me dieron ganas de llorar. Aunque estaba sola sentí un poco de vergüenza porque me pareció exagerada mi reacción, pero ese acto representó el cúmulo de otros más que han estado lacerando la piel y la autoestima ciudadana desde hace muchos meses ya. A veces decimos que la ciudad es un órgano viviente al que estamos conectados y que a su vez nos conecta entre todos, pero ahora lo sentí a flor de piel. 

Desde hace tiempo observo con tristeza el deterioro vertiginoso en el que se está sumiendo esta ciudad que tiene cada vez más baches, menos mantenimiento, menos piezas de arte porque se las están robando todas, más mugre, muchos edificios fantasma en lugares emblemáticos como La Zona Rosa, demasiadas pintas callejeras, y ya duele, sin metáforas. La Ciudad de México está dando paso a una generación de ciudadanos amorfos en su conjunto, desconectados, sin deseos de conservar sus privilegios estéticos ni luchar por ellos, porque permite que la decadencia y la miseria nos secuestren a todos. Es tan complicado tratar de rescatarla… y ante tanto dolor, es mejor la desconección generalizada para dejar de sufrir un poco, pero eso es morir lentamente. 

Por suerte existen las palabras y si algo tiene nombre, es que tal vez tiene solución. Me parece que este fenómeno tiene varios nombres que van desde “codependencia” hasta “depresión”, por eso debemos descubrir qué es lo que nos aqueja para dar el siguiente paso y tener un país mejor. Yo creo que sí se puede, que nos falta detectar el problema porque está frente a nosotros, que debemos comunicar mejor por qué está mal destruirnos y comenzar a construir. A lo mejor suena ingenuo pero a mí me sucedió y alguien más me ayudó, y si yo soy una célula de esta ciudad que somos todos, no veo por qué no. ¿O está mal mi apreciación?

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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