COLUMNA INVITADA

Asamblea sin rumbo

Una Asamblea Nacional sin rumbo ni brújula es el espacio apropiado para el pragmatismo oportunista, para la simulación y el autoengaño, para el control sin democracia interna

OPINIÓN

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José Encarnación Alfaro Cazares / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Se dice que en política no hay sorpresas sino sorprendidos; por eso a pocos extrañó el contenido del discurso del presidente del CEN del PRI Alejandro Moreno al iniciar los trabajos deliberativos de la XXIII Asamblea Nacional de ese Partido; porque al dirigente partidista no lo distinguen las luces de la formación ideológica ni de la conciencia social ni mucho menos de las convicciones políticas que se forjan en una militancia comprometida con un proyecto de País; su carrera política se ha moldeado en la fragua del pragmatismo oportunista, de la astucia sin valores, de la habilidad mercantilista y de las complicidades utilitarias.

La afirmación de que el PRI no necesita refundarse así lo revela; no sabe o no entiende que refundar significa, de acuerdo al diccionario, “revisar la marcha de una entidad o institución, para hacerla volver a sus principios originales o para adaptar estos a los nuevos tiempos” pero para el dirigente formal del Partido, el PRI, después de las derrotas electorales de 2018 y 2021, no necesita ningún ajuste a su forma organizativa, ni a su Programa de Acción, ni a los procedimientos de democracia interna y menos a sus anacrónicas estrategias electorales y de gestión social.

Por esa razón expidió una convocatoria a la Asamblea Nacional en la que de manera irresponsable y con un pretexto legaloide que se cae por su propio peso, le cancela al máximo órgano de dirección partidista la posibilidad de ejercer su facultad de revisar y, en su caso, reformar los Documentos Básicos. Y en el colmo de la paranoia política se arroga el derecho de quitarle a la Asamblea Nacional, por la vía de la convocatoria, la atribución electiva para evitar que la militancia pida su renuncia.

En sus afirmaciones Alejandro Moreno muestra su convicción de que el Partido es de quien gana el cargo de dirigencia en una elección interna, haya sido como haya sido; y en su visión patrimonialista el PRI no es una entidad de interés público, sino una franquicia política que se puede manejar al antojo de la persona o del grupo que adquirió la patente.

Así las cosas, la XXIII Asamblea Nacional será la más intrascendente en la historia del Partido; a menos que algún asesor perverso convenza al dirigente nacional de la conveniencia de aprobar en la Asamblea “acuerdos con carácter vinculatorio” para justificar decisiones que no pasarían en una reforma a los Documentos Básicos, como podría ser el tema del apoyo a la reforma eléctrica del presidente López Obrador. En caso de que eso suceda nadie podrá decirse sorprendido.

Una Asamblea Nacional sin rumbo ni brújula es el espacio apropiado para el pragmatismo oportunista, para la simulación y el autoengaño, para el control sin democracia interna, para la exclusión selectiva y la autocomplacencia, pero nunca para impulsar los cambios que le permitirían al PRI mantenerse como una opción viable de gobierno.

POR JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES
COLABORADOR
@JOSEEALFARO

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