NOTAS SIN PAUTA

Guerrero, el primer sismo de la 4T

Con Evelyn Salgado Pineda convertida en gobernadora de Guerrero, se consumó un capítulo repleto de intrigas palaciegas, celadas, e inclusive ilegalidades

OPINIÓN

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Arturo Rodríguez García / Notas sin Pauta / Opinión El Heraldo de México

Con Evelyn Salgado Pineda convertida en gobernadora de Guerrero, se consumó un capítulo repleto de intrigas palaciegas, celadas, e inclusive ilegalidades, que cimbró el andamiaje de la alta burocracia en la autonombrada “Cuarta Transformación”. El saldo dejó como damnificados visibles al menos tres figuras relevantes del entorno presidencial: la hoy exsecretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros; el excoordinador de Programas de Desarrollo, Gabriel García Hernández y, el compadre del presidente, Félix Salgado Macedonio.

Nadie podía imaginar que Sandoval Ballesteros, aquella funcionaria presentada por el presidente López Obrador como “integra, honesta, incapaz de tapar un acto de corrupción”, y respecto a esto último, también encomiada como figura clave para decretar la honestidad a toda prueba en el presente y futuro, terminaría defenestrada, humillada en video y expulsada con todo y su incipiente grupo político, de cualquier tipo de presencia en el gobierno.

Tampoco que el hombre presentado como poderoso operador que tendría bajo su mando la presencia territorial del gobierno, orquestador directo de los programas sociales, y con eso, responsable de la construcción de candidaturas triunfadoras en los estados, saldría huyendo de Palacio Nacional a refugiarse en un escaño ante eventuales investigaciones encubiertas por la primera.

Ni mucho menos que el veterano político, ciertamente extravagante en sus formas, amigo cercano al presidente, compañero solidario en las tempranas luchas noventeras, quedaría irremisiblemente perjudicado en su imagen pública por asuntos tan penosos como las acusaciones de abuso sexual y violación, detonando protestas que el presidente enfrentó dilapidando parte de su activo político, señaladamente, por el reclamo feminista.

Ya desde mediados de febrero, en lo más álgido del desaguisado morenista, el mensaje presidencial fue claro: “nada de que, quítate tú porque quiero yo”, dijo centrando las denuncias de violación en “un asunto partidista”, propio de “tiempos de elecciones en los que hay denuncias de todo tipo” y advirtiendo que “en esto hay que preguntar ¿de parte de quién?”

El destinatario era Pablo Amilcar Sandoval, pero también Irma Eréndira, a quien el presidente no recibía desde septiembre de 2020, cuando por cuenta del grupo bejaranista su hermano fue exhibido en la mañanera del día 23 de aquel mes, por hacer promoción personal de los programas a su cargo como superdelegado en Guerrero.

Aquello fue una reincidencia varias veces planteada al presidente quien desde el 23 de julio pidió denunciar a Pablo Amilcar, pero sobretodo en el terreno político, asumió el asunto como “personal” por haber sido él mismo víctima del fraude electoral y considerar que era inadmisible que sucediera algo como lo de Guerrero.

Los momios favorecían desde entonces a Salgado Macedonio, pero también la simpatía presidencial. Explícitel desdén a Irma Eréndira, como pocas veces el 8 de marzo, ubicada en la quinta fila del sillerío del salón “Tesorería”, durante el acto de arropamiento de la alta burocracia femenina al presidente que en las calles era objeto de reclamo en las protestas de mujeres. La evasión al saludo de la entonces secretaria fue transmitido en vivo aquella jornada y con eso, el destino político-familiar.

Protegido de Gabriel García, Pablo Amilcar siguió hasta finales de octubre, cuando renunció para buscar infructuosamente la postulación morenista. En la Función Pública, los expedientes en contra de Gabriel y de los suyos, se acumularon, inactivos, aun cuando la Auditoría Superior de la Federación daba cuenta en febrero de un desastre que no llegó a manos del presidente hasta mediados de junio.

Irma Eréndira cayó el 21 de junio, ni rastro del “proyecto de la doctora” que se expresaba entusiasta hasta en los Órganos Internos de Control (OIC); Gabriel García cayó el 24 siguiente, una burla en todo el gabinete donde no tuvo un aliado más que Sandoval; severo fue el revés a los bejaranistas en su bastión capitalino y una cuña se les impuso con Carlos Torres, en el control de programas en la Secretaría del Bienestar.

Pese a todo, el que salió mejor fue Salgado Macedonio, con su hija Evelyn gobernadora y él senador… también gobernador de hecho aunque jamás de derecho, frustrado el sueño de su vida, desprestigiado, con denuncias pendientes, irreversible el efecto de la embestida que ni las oposiciones le pudieron asestar. Ahí se topan, fríos, en el Senado, Félix y Gabriel. El epicentro fue en Guerrero, pero los efectos devastadores llegaron a la Ciudad de México y se resintieron en Palacio Nacional.

POR ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA

COLABORADOR HERALDO RADIO

@ARTURO_RDGZ

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