MALOS MODOS

Tiempos de fascismo

El fascismo es una apuesta por los liderazgos personales a ultranza, por las figuras providenciales

Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Cuando le preguntaron si el fascismo era una característica propia del pueblo alemán, Primo Levi, sobreviviente a Auschwitz, contestó sin titubeos que no. Como el cronista más lúcido y más meticuloso del sistema concentracionario nazi, Levi sabía que el fascismo es universal, y que está ahí, agazapado, a la espera de que, desde el poder, no solo se le permita manifestarse en toda su violencia, sino que se le incentive a hacerlo.

Por eso, la toma hooliganesca del congreso por parte de los seguidores de Trump fue, en efecto, el resultado de un cuatrienio de embestidas fascistas por parte del presidente. “Fascista americano”, llamó Enrique Krauze a Trump cuando tomó el poder, y atinó: Trump es un fascista en tiempos de fascismos.

¿Qué distingue al fascismo? Tal vez antes que nada, su naturaleza victimista, una característica con la que lo hizo nacer Mussolini, a pesar de su grandilocuencia militarista, y que lo acompaña como acompaña a sus familiares cercanos: el populismo y el socialismo a la Lenin, en todas sus formas. Sí: el fascismo necesita de un enemigo todopoderoso pero invisible que esté siempre ahí, al acecho, lo mismo cuando busca el poder que cuando lo detenta. Pueden ser los judíos, pero también “el “establishment” o la “mafia”.

Lo que nos lleva a los otros dos de sus rasgos: el complotismo, por aquello del enemigo oculto, y el nacionalismo, que no es más que un sistema argumentativo de exclusión y conservación del poder: seríamos grandes si no fuera por “el otro”; alejémonos del otro; primero nosotros.

Sé que va a causar molestias eso de que el populismo y el socialismo son primos del fascismo. Pero lo son: comparten porcentajes más o menos importantes de ADN, según el caso. Por eso Fidel admiraba a Mussolini. Por eso los campos alemanes se inspiraron en los soviéticos. Por eso Mussolini empezó en el socialismo.

Desde luego, el fascismo es una apuesta por los liderazgos personales a ultranza, por las figuras providenciales. De esas que, decía, abundan hoy en día. ¿Son todas clasificables como “fascistas”? Por supuesto que no. También eso, el fascismo, admite graduaciones, matices. Pero sus ingredientes están ahí. Por eso las alternativas no son Bernie Sanders o Podemos: no son propiamente fascistas, pero alguito tienen de eso.

¿Termina el fascismo en arrebatos violentos como el de Washington? Con terrible frecuencia, sí. Eso son también los actos de repudio de la Cuba castrista, o la violencia de los “colectivos” venezolanos, e incluso la ocupación de calles o edificios en nombre de agravios inexistentes. Los Estados Unidos, donde los demócratas, muchos republicanos, los medios y el ejército decidieron oponerse a la intentona del trumpismo, resistieron, gracias a su sólida institucionalidad democrática. Otros, me temo, no tenemos tanta suerte.

POR JULIO PATÁN
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