Nos dejaron morir solos

Tuvimos problemas para encontrar oxígeno, pero al final sí pudimos conseguirle a mi madre ese alivio

Nos dejaron morir solos
Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México

Hace unos días, Jorge Suárez-Vélez decidió contarnos lo que vivió en los últimos días de su madre, enferma de covid, aquí, en la Ciudad de México. En ese testimonio pude reconocer mucho de lo que vivimos mi hermana y yo el año pasado, cuando murió mi mamá por un cáncer de pulmón, salvo que la de Jorge y los suyos fue una experiencia incluso más cruel que la de mi familia. Como ellos, aunque mucho antes, por ahí de finales de marzo, tuvimos problemas para encontrar oxígeno, pero al final sí pudimos conseguirle a mi madre ese alivio para sus últimos días, gracias a la tenacidad de mi hermana. Sufrimos también la angustia de que las camas covid estaban ya ocupadas, pero pudimos dejarla, aislada, en una cama de urgencias, donde la cuidaron sus médicos de manera profesional y cariñosa, mientras llegaba el negativo de coronavirus y hasta el final. Porque tampoco pudimos despedirnos de ella, pero al menos pasó sus últimas horas sin miedo ni dolor, sedada, y no circulando por la ciudad en busca de una cama. También enfrentamos la espera de que llegara la funeraria a llevársela, porque ya entonces había también una saturación en ese departamento, pero por varias horas menos que Jorge, y créanme: en ese trance, cada minuto cuenta. Como la madre de Jorge, la mía, por “protocolo”, fue incinerada, sola, días después de llegar a la funeraria. A Jorge, imagino, le tocará también ir a recoger la urna, y también solo.

Con pocos días de diferencia, me tocó dar otras condolencias: murieron la madre del escritor Guillermo Arriaga y un compañero del bachillerato. En el mismo lapso, me enteré de que una chica que trabaja conmigo tiene al menos a cuatro parientes contagiados, y que otro amigo, Salvador Mejía, ve cómo su hermano lucha con este virus infernal. De los muchos casos no tan graves que tengo cerca no hablaré. Falta espacio.

La mayoría de ustedes tiene, sin duda, un número similar de historias parecidas. Y es que, a 10 meses del inicio de la pesadilla, estamos peor que nunca. Por eso, porque la enfermedad “domada” está fuera de control, y porque, en este mismo periodo, constatamos que los números se manipularon para no poner el semáforo en rojo; vimos a López-Gatell dándose un break playero, y al presidente decir que el doc es “de primera”; supimos que el mismo López-Gatell compraba vacunas rusas en Argentina, vacunas dudosas que no estaban en el plan original; escuchamos al presidente inventar que donaban la mitad de las vacunas de Pfizer; vimos a los aviones llegar con menos vacunas de las prometidas, y al personal de los hospitales haciendo cola mientras se vacuna a los Servidores de la Nación, o a algún funcionario y a su prole.

Dice Salvador que este virus no tiene palabra. No la tiene, como no la tienen los encargados de enfrentarlo.

Nos dejaron morir solos.

POR JULIO PATÁN
PATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09


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